Había una vez…

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Presentación del libro “Análisis psicológico de los mitos, cuentos y sueños” en la Universidad del Valle de México, México D.F (2011)

En el año 2007 el IIPCS me convidó para presentar una conferencia en el contexto del coloquio Internacional sobre el tema.

Cuando preparaba el material constaté, para mi sorpresa, que a pesar de ser un tema importantísimo para entender el psiquismo de los niños había muy poco material científico publicado sobre la materia.

Durante dicho coloquio y en las reuniones posteriores con los colegas del Ippc me sorprendió el excelente nivel de las conferencias que allí tuve el gusto de escuchar y les propuse a los colegas que no dejaran de plasmar todo ese riquísimo material en una publicación.

Años después recibí del Instituto el libro ya listo para su publicación, al que devoré como un niño ávido que espera la próxima entrega de su novela preferida.

Leyendo estos excelentes artículos, pude viajar de la mano de sus autores por toda la fantasmática que pueblan los cuentos, mitos y leyendas; desde Zeus hasta Superman, pasando por todos y cada uno de los personajes que tantas y tantas veces hemos escuchado en las consultas de los niños de todas las edades que, muchas veces,  nos traen sus conflictos a través de los reflejos que de ellos encuentran en los relatos que les son contados.

Cada uno de los autores de este compendio eligió un tema concreto que puebla la psicopatología de la vida cotidiana de nuestros niños y buscó relacionarlos con los cuentos que con tanta precisión describen dichos conflictos. Hay aquí entonces, un excelente trabajo de ensamblaje entre lo que cuentan los cuentos y lo que le sucede a los niños de diferentes patologías o en diferentes momentos de su desarrollo evolutivo.

Desde la necesidad de saber sobre los orígenes, hasta la constatación de la castración; de los diferentes duelos que pueblan los estadios de la infancia, hasta las fantasías más sádicas que acompañan el crecimiento. La integración de los significantes primordiales que ayudarán a la constitución de esos psiquismos en formación, el bien, el mal, lo prohibido, lo peligroso, lo tentador. El elaborado trabajo que va de la sexualidad polimorfa a los primeros amores adolescentes, la aparición del erotismo, la división del ser.

Todo esto que se nombra es lo que se va evocando en estos textos con la ventaja añadida de poder comprender como todos estos temas pueden ser trabajados en las sesiones psicoterapéuticas con nuestros pacientes; siguiendo la idea del cuento y del mito: un texto que no está fijo, inalterable, sino que se mueve y modifica con cada lectura, con cada vez que se retoma el relato.

Los Cuentos y el análisis.

Todo análisis, a cualquier edad, es un proceso de historificación.  Es un relato sobre la vida de nuestros pacientes que se va reescribiendo permanentemente.

El niño y sus padres nos aportan un relato, una historia y hasta una prehistoria sobre sus vidas y ese síntoma que ha acercado al niño a nuestra consulta.

La labor del terapeuta es escuchar esa historia y en ese trabajo de escucha ir re-escribiendo la historia, permitiendo que nuestros pacientes puedan ser dueños de una historia y un deseo que le sean propios, por lo tanto, que los puedan entender , simbolizar y metabolizar.

El relato en el análisis es fundamental, y en todo análisis vemos que ese relato necesita ser contado varias veces, como los cuentos, y que cada vez que es re-contado, se reescribe, se van incorporando trocitos de historia que habían quedado atrapados en forma de síntomas. En forma de patologías que no hacen más que inmovilizar al paciente en su estructura.

El niño nos dice: “Cuéntame un cuento!” , el terapeuta le dice a su paciente “Cuénteme su vida”, “Cuéntame que te pasa”, “Cuéntame…”, y el paciente comienza su relato desde donde sus resistencias y represiones se lo permiten.

 Muchas veces el niño puede contar lo maravilloso que es Harry Potter hasta que puede ver con su terapeuta que el gran mago de los millones de libros vendidos está abandonado en un orfanato y que no deja de apelar a sus poderes mágicos paras no pensar en lo sólo y triste que se siente a veces, y de allí se puede hablar de la tristeza de no tener todo lo que se desea hasta lo importante que es aceptar no tener la varita mágica, el gran significante fálico de la omnipotencia infantil.

 ¿Esto quiere decir que Harry Potter es “malo” para nuestros latentes, púberes y adolescentes? No! Todo lo contrario, esto vuelve a querer decir lo que todos los colegas afirman en estos trabajos: que su éxito radica en que presenta y representa varias fantasías universales típicas de la infancia y que su lectura proporciona el placer de constatar cómo cada una de esas constantes vitales en la vida de todos se comparten mediante el único instrumento que nos hace humanos: el lenguaje.

El relato, la puesta en palabras de los conflictos, fantasmas, deseos y pulsiones permite el único camino conocido hasta el momento para su comprensión: la simbolización.

Los psicoanalistas de lo transicional, ubicamos el cuento (al igual que el sueño) dentro del espacio transicional, cumpliendo sus mismas funciones: viene de fuera, pero para que el niño lo haga precisamente suyo necesita creer que viene de dentro para finalmente quedarse en ese territorio intermedio, el territorio de la cultura, el lugar donde se cruzan los deseos de los otros con los deseos propios de los niños en crecimiento.

Así como el objeto transicional no es un objeto contingente en su función, sino una necesidad estructural, también los relatos y los cuentos cumplen una función estructuradora.

La insistencia en la repetición del cuento es también expresión de la necesidad de disponer durante más tiempo (el necesario) de ese espacio donde la ambigüedad entre fantasía y realidad da cuenta de las creencias que hablan de un tiempo de simbolización en acto de producción.

Allí es donde se vuelve imprescindible la actitud de los padres, porque el pedido de reiteración –“cuéntalo otra vez!!”, aceptado placenteramente, también contiene la reiteración del don, de la entrega amorosa, en la tolerancia para lo enigmático del niño que lo impulsa en la insistencia de una demanda.

Talvez tan importante como el cuento sea el hecho de que los padres participan allí de un modo esencial, ayudan a crear los objetos, ilusiones, relatando fantasías. También autorizan entonces esos sueños o deseos allí convocados. Poniéndose en escena participan de una función simbólica que historiza el tiempo.

De historias y deseos también surgen los mitos, y sabemos que en ellos siempre encontraremos algo que nos pertenece.

Freud  opinaba que las artes no nacen para agradar,sino para conjurar. El cuento nos conduce de la mano a su objeto, que es el sujeto en plena estructuración: el niño.

En estos tiempos donde se vuelve intensa la vivencia de incertidumbre por la identidad, en medio de crisis de valores, derrumbes ideológicos y significativos movimientos en el seno de la familia, que alteran los roles y borran las diferencias, el ser humano reitera con empecinada insistencia sus preguntas, sus enigmas. Necesita reencontrar lo que sabe o no sabe de su identidad a través de la curiosidad del otro. La vigencia del cuento infantil no decrece, talvez recrea sus contenidos y formatos acompañando los cambios socioculturales.

El ámbito del cuento está poblado de una realidad psíquica que necesita desmentir los límites: la ausencia, la muerte o las diferencias: Es el ámbito de las creencias y de la ilusión. Allí la función parental debe habilitar un permanente interjuego de presencia-ausencia, de ilusión-desilusión, espacio-tiempo imprescindible donde transcurren hechos de estructuración psíquica.

El cuento como el juego, es un presentador: allí se engendran, se inducen sentidos nuevos-viejos, produciéndose movimientos de fantasías desiderativas.

A través del relato del cuento se articulan en el niño los efectos promovidos tanto por los libretos como por los enigmas y oscuridades de su historia, y se promueven así nuevos encadenados representacionales.

El cuento infantil permite una manipulación del objeto sostenido por símbolos. El niño reclama el relato una y otra vez, siempre igual, esperando cada secuencia y renovando sus comentarios y preguntas. Esta insistencia en la repetición testimonia la necesidad de lo igual para poder pensar lo diferente. Está en juego la ilusión narcisista de permanencia, de constancia, que necesita ser deplegada o sostenida por la función materna y paterna, para poder dar lugar a los juegos de presencia –ausencia y, por ende, a la habilitación fantasmática que significa la pérdida para que haya símbolo. Se necesita la ilusión de constancia, pues allí se ubica el deseo de los padres: que el niño viva, sea, exista.

La infancia es un camino señalizado por la reiteración de pérdidas y adquisiciones, se pierden los brazos que sostienen porque se aprende a caminar, a partir de aquí, todo se va perdiendo para adquirir algo nuevo. Se pierden las creencias a favor de los descubrimientos que encierran imprescindibles frustraciones que conducen a la elaboración de los límites. A la castración simbólica.

Tiempo de las creencias y de la ilusión donde la magia vela y desvela lo patético de la indefensión. El niño pequeño necesita desmentir por un tiempo la castración o la muerte, necesita refugiarse en su omnipotencia para luego salir de ella. Las creencias se organizan como lo dijo Freud, como teorías sexuales infantiles, sin límites ni diferencias.

La simbolización implica disponer de una ausencia y no necesitar cubrirla con un objeto.

Cuando se puede renunciar a los objetos aparecen en su lugar los ideales.Con los cuentos infantiles se produce un verdadero entrenamiento de simbolización: Comienzan siempre con una ruptura de un orden establecido:”Había una vez…”

En los cuentos la muerte queda encarnada en los personajes imaginarios con lo cual se favorece la representación de una ausencia: Cenicienta, Blancanieves, (como lo señalan los artículos respectivos) comienzan sus historias con una madre muerta que quedará para siempre fuera del relato.

Importa entonces lo que se hace presente de muerte, de límites o daños. Porque la estructura edípica que subyace a todo momento de representación, de simbolización inconsciente, se juega entre deseos y defensas: deseos incestuosos y su represión.

Todo esto nos habla de la necesidad de una buena investidura narcisista que habilite cortes y separaciones. De lo contrario se mantiene la vida eterna como verdad: Peter Pan y el país de nunca jamás.

Así como la muerte aparece de un modo u otro relatada en los cuentos, otras pulsiones parciales se repiten en los cuentos con la misma finalidad: darle al niño la posibilidad de representar y simbolizar fantasías primitivas muy reprimidas. En su artículo “El mito del niño asado”(1950), la psicoanalista Marie Langer nos desvela las semejanzas de varios cuentos relacionadas con pulsiones orales hostiles, o sádico-orales, relacionadas con tempranas frustaciones orales.

El niño que de un modo u otro es comido por sus padres aparece ya en la mitología: Tántalo sirvió a los Dioses, para probar su divinidad, los miembros del cuerpo de su propio hijo Pélope. Sólo su esposa Ceres, la diosa de la fertilidad, absorbida por el dolor de la pérdida de su hijo, comió de este terrible manjar: Jupiter le devolvió la vida a Pélope poniéndole un hombro de marfil para remplazar el que se había comido su madre….Situaciones similares se dan en los cuentos de hadas: en Blancanieves, la madastra se come el corazón que le trae el cazador pensando que es el corazón de su envidiada hijastra, también Blancanieves cae desmayada después de comer la manzana envenenada que le ofrece su madastra, es decir es castigada por su glotonería (“por haber deseado comer el pecho de su madre hostil”, M.Langer)en Hansel y Gretel es la bruja la que pretende comerse a Hansel, pero también los niños son expulsados de la casa por su voracidad, ya no es posible alimentarlos y la bruja los sorprende y castiga cuando descubre a los niños comiendo partes de su casa (también la casa constituye un símbolo materno muy conocido.)

No sólo en los cuentos de occidente aparece en los mitos y cuentos la agresión oral ligada a la maternidad, según un mito de las Islas Marquesas las mujeres pierden sus embarazos porque sus fetos son devorados por espíritus de mujeres salvajes: las Vehini-hai, otra vez aparece la mujer mala que come a los niños.

Se podría pensar desde aquí, y desde otros contenidos de pulsiones parciales, el enorme éxito de series televisivas que funcionan como los mitos o cuentos actuales: en la isla de “Lost” también las embarazadas pierden a sus hijos.

Es necesario aquí abrir un paréntesis para hablar de los materiales que los niños utilizan para construir sus sueños, sus cuentos, sus historias: todos son restos mnémicos provenientes de los programas infantiles, la televisión, ese gran monstruo imaginario que consumen los niños de nuestras sociedades avanzadas y que les proveen de un riquísimo material fantasmático donde abundan seres malísimos con intenciones igualmente malas y héroes que salvan a la tierra y a otros mundos de las supuestas maldades, por supuestos también son abundantes los diversos vehículos que nos dicen mucho sobre los anhelos de sus imaginativos inventores tendientes a anular el paso del tiempo y las distancias.  Algunos especialistas en infancia aseguran que este material es altamente nocivo para los niños,  lo que queremos destacar es que los niños utilizan actualmente la televisión por ser el medio de comunicación más utilizado, sin embargo, antes de su extensión estaban, y por suerte aún están, los cuentos infantiles, magníficos aportes al imaginario de los niños de todas las épocas, prolíficos también en brujas y malvados, robos, secuestros, canibalismo y sueños eternos, junto con héroes que terminan salvando situaciones extremas y finales con bodas felices. Los programas infantiles, como los cuentos tradicionales, garantizan su éxito entre los niños por prestarles un perfecto escenario donde proyectar los fantasmas más comunes de su novela familiar; en psicoanálisis utilizamos estos materiales cuando los traen los niños, permitiéndoles, de algún modo, escribir su propia historia.

En esa misma línea, la serie que tanto éxito ha tenido, “Lost”, mantuvo durante sus seis temporadas la idea de un bien y un mal representados a través de dos personajes que, desde el comienzo, eran hermanos. ¿no hay aquí una extraordinaria similitud entre Tezcatlipoca y Quetzalcóatl en vuestra cultura?

La retaliación y la pulsión oral canibalística darían cuenta de estas escenas. No hay cuento popular que en un momento u otro no aparezca una escena de alta carga oral: el lobo se come a la abuela de Caperucita quien a su vez le está llevando comida, Pulgarcito es comido por un buey o una vaca en su camino de regreso a casa y, de hecho, el primer encargo que le hace su madre es ir a buscar comida: Ricitos de oro es descubierta durmiendo la siesta después de haberse comido la comida de sus hospitalarios osos, Pinocho es tragado por la ballena y así un largo etc.

El niño toma el cuento para poner en juego sus propios fantasmas, del mismo modo que utiliza el juguete para poner en escena sus creaciones fantasmáticas, por eso es importante entender al cuento como objeto transicional estructurante.

Es desde esa misión transicional y estructurante a la vez donde el psicoanálisis al intentar hacer un análisis profundo de los cuentos, descubre entre sus personajes, aventuras y desventuras, entre los protagonistas ausentes y las peripecias de los personajes centrales, grandes cargas, dosis ideológicas, que se enraizarán en el sistema psíquico del niño, formando parte de su super-yo, o de relaciones inersistémicas más complicadas. Al ser una fuente de estructuración, es como una fuente de ideas.

Desde esta posición, los especialistas en niños llevamos años intentando denunciar los contenidos sexistas que la factoría Disney viene promoviendo desde sus versiones cinematográficas de los grandes cuentos clásicos.

Concientes del poder de penetración en el tejido simbólico de los niños espectadores, los recreadores de dibujos animados no ignoran algunos mensajes que quieren dejar claros: Disney comienza en 1937 con la primera película de Blancanieves. Allí ya queda claro que la protagonista hace las tareas del hogar mientras los enanos trabajan en diversos oficios. Cenicienta también limpia y todas las heroínas de los cuentos, una vez revisitados por los americanos, son bellas jóvenes que al fin de cuentas salvan sus vidas sí y sólo sí, un apuesto príncipe las rescata y les jura amor eterno.

Una de las maneras más sencillas de trnsmitir ideologías es a través de los cuentos, todos los artículos aquí publicados dan cuenta de ello. Estamos hablando en definitiva de la estructuración del superyo del niño que se nutre de las historias que recibe de los adultos que las custodian: custodian las historias, custodian sus funciones de transmición de una cultura y, sin saberlo, custodian una ideología que está latente en cada una de esas historias.

Conceptos tan cuestionados actualmente como la importancia de la belleza o el papel de la mujer en la familia permanecen reflejados en los cuentos. Así Blancanieves no podrá enamorarse de un enano trabajador del campo, tiene que esperar a su apuesto príncipe; el patito feo al final no es feo, es un hermoso cisne, una vez que alcanza su condición de cisne es respetado, así se cumple la ecuación: belleza= respeto/aceptación. Hasta en la Bella y la Bestia donde se supone que la belleza está en el interior el final nos proporciona un guapísimo príncipe en lugar de la Bestia.

Lo horroroso se transforma en hermoso: lo feo, lo diferente, se transforma en guapo, hermoso, socialmente triunfador. Esta es la moraleja de algunos cuentos, y sobre esta moraleja trabajamos con los pacientes que arrastran ciertos problemas de rechazo dentro y fuera de sus familias. “Yo no soy el hijo que ellos deseaban”: este es el “había una vez” con el que comienzan muchos psicoanálisis de niños.

Los cuentos cortos tienen su correlato en pequeños cuentos, los dibujos animados, que desde Mickey y Donald y todos sus amigos les muestran a niños de varias generaciones que la paternidad no existe (hay sobrinos, no hijos) y por lo tanto no existe la sexualidad. Y de paso algunas constantes de la cultura americana se repiten incansablemente. Más allá del análisis sociológico que se puede hacer de estas situaciones, si retomamos el análisis más profundo, volvemos a encontrar la negación de las sexualidad en los padres o en sus figuras sustitutas, como una clara representación del mundo mental infantil.

Dada esta presunta “caducidad” o falta de criterios pedagógicos más acordes con nuestros tiempos de los cuentos tradicionales, encontramos hoy en las librerías nuevas propuestas y formatos que pretenden poner al día el mundo del llamado “cuento infantil”.

Hay dos grandes líneas en este sentido: el álbum ilustrado y lo que podríamos llamar “cuentos de valores”.

El álbum ilustrado da mayor importancia a la imagen que a la palabra, utilizando mayormente ilustraciones originales con una personalidad muy marcada (dependiendo de cada editor y también de cada autor). En algunos casos ni siquiera hay una sola palabra, y todo el mensaje es transmitido de forma visual. Estas historias suelen tener un carácter progresista e integrador, favoreciendo valores como la tolerancia, la generosidad o la libre manifestación de los sentimientos más elementales. Por otra parte, la cuestión más importante sobre la cual cabría reflexionar es si este tipo de historias son realmente atractivas para los niños o si son más bien “cuentos simples para adultos”. Los argumentos de estos cuentos pueden ser tan simples como que una oveja se esquile a sí misma para tejer un jersey y regalárselo a su amiga la jirafa, o un amigo que le regala un pedazo de ropa a otro y juntos descubren las muchas cosas que pueden hacer con la tela. Son cuentos, pues, en los que no hay un elemento de acción destacado. Los mensajes se transmiten de un modo mucho más sutil y que deja abiertas las interpretaciones.

Los “cuentos de valores” son en algunas ocasiones también álbumes ilustrados, pero con un contenido que busca claramente el mensaje constructivo reformador. Hoy en día estos mensajes son casi siempre la integración racial, la igualdad de sexos y la normalización de conflictos socio-familiares como puedan ser la muerte, el divorcio, la homosexualidad o la propia urbanidad en toda su amplitud.

Allí donde el álbum ilustrado dejaba un espacio para la libre interpretación y la imaginación, este otro tipo de cuentos es algo más dogmático (en el buen sentido de la palabra) ya que desde el principio establece una separación entre lo bueno y lo malo. La única diferencia con los cuentos tradicionales de toda la vida, es que aquí hay que romper algunos prejuicios para alcanzar el verdadero juicio de valor que nos permitirá construir una sociedad más justa y sensata; en definitiva, mejor.

Este tipo de libros suelen utilizarse para los casos concretos en los que un niño se ve afectado por un determinado conflicto, y es pues, previsible que el niño se sienta identificado con la historia y que pueda expresar a través de ella su propia vivencia.

En cambio, en el caso de los álbumes ilustrados parece más difícil que los niños puedan desarrollar empatías con las historias, pues ya hemos dicho que, a pesar de la aparente simplicidad del formato o del propio argumento, la construcción del mensaje resulta mucho más compleja de lo que un niño pueda asimilar. Obviamente no hace falta aclarar que cada historia es distinta y que estamos generalizando en base a las percepciones resultantes de haber estado en contacto con este tipo de libros. No hay que olvidar que los álbumes ilustrados gozan de un enorme prestigio dentro del mundo editorial y también entre los consumidores más cualificados.

El mensaje, lo que se quiere transmitir, será nuevamente, responsabilidad del adulto que está en un intercambio transicional con el niño.

En muchos casos concretos, siempre dependiendo del trauma que le haya tenido que tocar vivir al niño, se recomienda que los padres y también los terapeutas, puedan crear historias, cuentos, relatos, sobre la situación traumática a elaborar.

De este modo: los colegas que trabajan en psicoprofilaxis  quirúrgica no dejan de utilizar cuentos y juegos sobre operaciones, lo mismo podemos decir sobre otros traumas posibles: muertes, separaciones, duelos…situaciones que sólo a través de un proceso que requiere tiempo y palabras podrán ser superadas por nuestros pacientes.

Los cuentos, utilizados en el análisis de niños, nos van a demostrar su utilidad por la riqueza de matices inconcientes que en cada cuento, cada niño encontrará o intentará encontrar una parte de su historia.

Todo niño tiene una historia que le es absolutamente propia, muchas veces surgen problemas en la vida de los niños cuando determinados aspectos de esa historia no han podido ser procesados; desde el psicoanálisis sostenemos que este procesamiento se da en permanente intercambio con los otros a partir de complejos sistemas de identificaciones que terminan por moldear una estructura que es específica del niño.

  Cuando a partir de una demanda de tratamiento podemos acceder junto con el niño a investigar esos procesos de elaboración  de su propia historia, lo que estamos proponiendo es una re-escritura de los mismos,  nuevamente en relación con otro, esta vez el analista.  Creemos que este trabajo terapeútico tendrá un correlato onírico o un correlato en forma de cuento, mito o historia: los sueños y los cuentos durante el tratamiento son instrumentos muy eficaces para corroborar los cambios psíquicos que se producen en nuestros pacientes.

Mensaje para los autores:

Cuando se estudia una materia tan diversa y compleja como es el psicoanálisis, sus escuelas, sus vertientes, sus diferentes lecturas, se entra en una especie de laberinto interminable. Se escojan los caminos que se escojan para recorrer los temas que interesan, se abrirán más y más caminos a recorrer, cada cuál más fructífero pero cada vez más complejo.

La cuestión es cómo se transita ese camino interminable. En muchos casos, cuando los temas que tratamos son suficientemente complejos un mecanismo de defensa al que se suele recurrir es a la idealización: se toma un recorrido teórico como dogma, se lo idealiza y se repiten sus ideas como un aparato doctrinario. Entonces parece que quien está haciendo ese recorrido lo hace con un paso falsamente seguro.

Siempre dependerá de cómo se comience a transitar por ese camino, y de las formas que el investigador se enfrente con su objeto de estudio.

Vosotros estáis en el otro lado: abiertos a escuchar todas las variantes posibles sobre el tema e introyectar e incorporar aquellos conceptos y nociones teóricas que os sirvan para moveros por este pantanoso terreno que es la clínica psicoanalítica.

Habeís demostrado esta postura por la forma en que habeís intregrado, introyectado y apropiado los conceptos que habeís trabajado con diferentes pensadores de nuestro campo.

Cada uno de los artículos que conforman este libro podría ser un prólogo a un tema profundamente interesante: son el anuncio de profundizaciones mayores que todos los lectores esperamos que se produzcan. Sin dejar de ser una interesante visión sobre el tema, cada artículo lleva el germen de lo que podría ser un nuevo libro: eso es lo que lo hace interesante.

Mensaje para los lectores:

 Muchas personas leen en la cama para conciliar el sueño; algunos leen el periódico, otros revistas, otros interesantes novelas o cuentos. Este hábito tan generalizado es el resabio que ha quedado de aquél momento transicional en que el mundo le era presentado al sujeto por los cuentos y/o las canciones que sus progenitores les contaban. Luego, siguiendo ese peculiar funcionamiento del psiquismo humano, aquellas ideas que nos traían los cuentos con sus princesas y sus dragones, formaron parte de nuestro patrimonio de huellas psíquicas: nos ayudaron a hacernos y a pensarnos. A entender el mundo y a relacionarnos con él.

Las cosas no cambian sustancialmente con la edad en este sentido: aquellos que siguen atrapados en su lectura nocturna toman de sus lecturas interesantes materiales para fabricar sus sueños y para seguir comprendiendo el mundo, que a veces se hace tan difícil de aprehender.

El interesante y profundo análisis que en este compendio se hace sobre los cuentos infantiles será muy útil para todos aquellos que quieran saber y entender el magnífico mundo de la infancia; aquel que el psicoanálisis se ha ocupado en destronar del mundo feliz de los cuentos de hadas para ubicarlo en el difícil proceso que va de la dependencia a la independencia.

Todos los que nos ocupamos de trabajar con niños sabemos de lo difícil que resulta la infancia, pero también sabemos de lo que puede favorecerse gracias a la fantasía que los cuentos aportan.

Para aquellos que trabajan con niños este libro será un imprescindible objeto de trabajo.

 Para todos los que quieran saber más sobre la infancia este libro les abrirá puertas y caminos.

Para los que quieran saber si la abuela de caperucita roja murió o no murió al ser devorada por el lobo y si caperucita fue o no instigadora de ese acto caníbal, este libro les abrirá el apetito:…de saber más.

Joseph Knobel Freud
Agosto de 2010