El psicoanálisis con Adolescentes

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El juego del amor

 La pareja es un ideal que el adolescente ha ido construyendo durante toda su vida,  este ideal se ha nutrido de imágenes y situaciones muy diversas, a la pareja idealizada que ha querido ver en los padres le sucedió una noción más realista de la historia, con los fantasmas de la infancia que caen en la adolescencia se pierde la necesidad de la unión ideal de los padres, pero inmediatamente se reencuentra  este ideal  en las relaciones de pareja que experimentan los adolescentes.

Las relaciones sexuales pasan a tener un lugar, un espacio y un tiempo verdaderamente importante en la vida de los adolescentes;  formar una pareja en la adolescencia implica descubrir al otro sexo  y poder gozarlo. Esto no siempre se da, ya que los fantasmas que configuran el juego del amor están llenos de miedos, de inhibiciones, de historias que se confunden con el presente.  Cuando esto puede darse, las relaciones de pareja pueden ser un espacio muy enriquecedor para los adolescentes, en el descubrimiento del otro sexo también descubrirán la amistad y la sensación de bienestar que da el poder relacionarse con el otro.

 Antonia explica: –\\\\\\\” es muy difícil tener novio y no perder a las amigas, ellas me dicen que desde que salgo con Pepe ya no las quiero, y Pepe se pone celoso si salgo con las chicas y no voy con él; bueno a veces me recuerda a mis padres, ellos no quieren salir solos, pero siempre se están peleando, mamá no tiene amigas propias, y yo no quiero perder las mías, al final quedé el viernes con Pepe y el sábado con el grupo, con Pepe la pasamos muy bien, fuimos a pasear y estuvimos muy bien, con el grupo visitamos un lugar nuevo que nos encantó, le prometí a Pepe que otro día iría con él\\\\\\\”.  En el ideal de Antonia se mezclan las amigas y la pareja,  para ella es importante mantener ambas cosas, caer en la historia de su madre no la ayuda, tanto en el juego del grupo como en el juego del amor, Antonia quiere aprender cosas diferentes, diferenciarse de los padres e intentar crear un modelo nuevo a alcanzar y seguir.

Ante el tema de la sexualidad a los adolescentes se le presentan viejos y nuevos problemas, hablamos que para acceder a una sexualidad sin culpa debían romper con ciertos fantasmas familiares, pero aún los acompañan miedos y temores  sobre una realidad que les es totalmente nueva,  La fantasía de poder tener hijos, deja de ser una fantasía para transformarse en una realidad, los métodos anticonceptivos los ayudan a prevenir estos embarazos no deseados, el problema es el siguiente: ¿cuentan los adolescentes de nuestra sociedad con la información necesaria sobre el control de la natalidad?, ¿pueden hablar de ello tranquilamente con sus padres?, ¿son aceptados e informados en los centros de planificación familiar? ;  es este un viejo problema que lleva a más de una pareja adolescente a la abstención sexual, al menos a abstenerse del coito, aunque en muchos casos la falta de información sexual les lleva a mayores prohibiciones y frustraciones.  Un nuevo fantasma acosa a las relaciones sexuales entre los adolescentes, hablamos del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA),  a pesar de ciertos intentos publicitarios promovidos por campañas gubernamentales, el miedo al contagio de esta enfermedad lleva a muchos adolescentes a inhibirse de tener relaciones sexuales, desde el punto de vista fenomenológico, la aparición de esta enfermedad ha llevado a ciertos cambios en los hábitos sexuales en los grupos de adolescentes, en las décadas anteriores a la aparición del SIDA las parejas entre adolescentes eran menos “fieles”, la necesidad de tener varias experiencias sexuales con distintas personas, llevaba a cambios de pareja más seguidos, o a ciertas aventuras sexuales que hoy por hoy se inhiben.

Viejos y nuevos fantasmas sobre la sexualidad se unen para reforzar ciertos tabúes, de todos modos, gran parte de estos miedos, de ciertos equívocos sobre el tema, pueden ser menores si se establece con los adolescentes un diálogo claro, desinhibido y desculpabilizador.

 Ramón llega a su sesión de psicoterapia desencajado: –”sucedió lo que tenía que suceder, siempre tengo tan mala suerte que sabía que esto me pasaría…”,”el sábado hicimos el amor con Tere, se quedó a dormir en casa porque mis viejos se fueron al pueblo, todo fue bien hasta que al terminar vimos que el condón se había roto, no sé, explotó, yo no me di cuenta cuando se rompió, ella dice que debería haberlo notado pero no noté nada, ahora está convencida de que está embarazada y no sabemos que hacer,  hemos pensado en juntar dinero entre los amigos para abortar,  si se enteran en su casa la matan y mis viejos, ¿que voy a hacer?. Su desesperación no le permitía pensar en las posibilidades reales de ese embarazo, así como tampoco en lo que se podía hacer, así como no hay información para evitar los embarazos no deseados, tampoco la hay sobre las posibilidades de interrupción voluntaria de embarazos, no sólo desde el punto de vista legal, o práctico, sino sobre las repercusiones psicológicas que una interrupción de embarazo conlleva, generalmente estos abortos llevados en secreto y entre un grupo de amigos provocan confusión, desazón  y una serie de malestares psicológicos que deberían ser tratados con los adolescentes.

 El episodio que relataba Ramón tuvo un desenlace feliz, pero que también nos delata su falta de información: –”A Tere le vino la regla el martes, claro, le tenía que venir el lunes y como ella es tan regular… , ¿es posible que a Tere se le retrasara la regla por enterarse que se había roto el condón?”. Con su pregunta Ramón ya está dando una respuesta, el sentimiento de culpa que a ambos les traía el tener relaciones sexuales explotó como el condón la misma noche del sábado, tanto Tere como Ramón podrían  saber  que las posibilidades de embarazo de una mujer los días cercanos a la aparición del período son menores, es posible que si se hubieran asustado menos, la regla hubiera llegado más tranquila,  saber que una regla puede retrasarse por miedo, nervios o cualquier otro estado o sentimiento psicológico es algo que no se enseña en la educación sexual de los colegios y que Tere no podía ni siquiera hablar con su madre ya que corría “peligro de muerte” si sus padres se enteraban que mantenía relaciones sexuales con su novio.

Los adolescentes y sus padres.

Al igual que hablamos de las dificultades de los padres durante la pubertad, debemos mencionar lo que puede ocurrir con los padres de adolescentes, a los que bien podríamos llamar padres adolescentes ya que, en muchos casos,  los padres retornan junto con sus hijos a esa etapa de su vida.  Esto sucede cuando los padres no pueden tolerar el paso del tiempo que representa tener hijos adolescentes, o bien , como pasa en muchos casos, cuando los padres suponen que para mejorar su comunicación con los hijos tienen que \\\\\\\”hablar su mismo idioma\\\\\\\”; así como es bastante típico encontrarnos con adultos que frente a un bebé de meses le dicen \\\\\\\”ajo, ajo, gu, gu, gu…\\\\\\\”, no es menos difícil encontrarnos con padres de adolescentes que añaden a su vocabulario giros, expresiones y hasta maneras de hablar de tipo adolescente.

 Dijimos anteriormente que lo que caracteriza a la adolescencia es esencialmente la necesidad de una verdadera confrontación generacional con sus padres y la forma de vida que éstos representan, esta confrontación no siempre es fácil de tolerar por parte de los padres, y esta intolerancia conlleva  a interminables discusiones y peleas que no hacen más que acrecentar la disconformidad adolescente y el rencor de los padres.

Escuchar a los hijos, dejarse criticar, aceptar las bromas sin enfadarse, todo esto puede facilitar el diálogo en la familia sin entorpecer el crecimiento de todos, además mantener esa posición permite siempre la reciprocidad, es decir que los hijos adolescentes también pueden aceptar ser criticados, corregidos y hasta dejarse ayudar, si esto es necesario.

-\\\\\\\”No puedo entender que Silvia no quiera contarme nada, desde que le vino la regla le hablé seriamente y le dije que seríamos grandes amigas, que puede contar conmigo para lo que quiera, y ahora desde que está en este instituto no me cuenta nada…\\\\\\\”. El discurso de la madre de Silvia es bastante común, pero bastante engañoso, no sólo para Silvia, sino para la misma madre. Pretender ser la amiga de la hija, o el amigo del hijo, es colocarse en el lugar de alguien de su edad y de ese modo ignorar la diferencia generacional, significa además no poder asumir el lugar de padre, o madre, en tanto persona adulta y responsable que mantiene sus centros de interés bastante lejos de los intereses adolescentes. Los padres no deberían pretender ser amigos de sus hijos, son sus padres, y tal categoría no es poco para querer tener más u ocupar otro lugar en la vida de los hijos.  Compartir algunas actividades no significa ser amigos o compañeros, en casa los padres siguen poniendo reglas y esto también lo necesitan los hijos, poner la mesa, ayudar en casa, cualquier actividad que implique una rutina ayuda no sólo en la organización de la familia, sino del mundo interno del adolescente, si las normas de casa no se cumplen se pueden pedir responsabilidades, sin normas ni imposición alguna, poco se puede pedir a cambio. 

Caso por caso

 Al igual que hicimos cuando hablamos de la pubertad, vamos a relatar algunos casos que nos muestran ciertas situaciones de adolescentes donde algo no funciona del todo bien, ya sea en su entorno familiar o extra-familiar, como en el propio adolescente; volvemos a aclarar por considerarlo muy importante, que son casos lo suficientemente \\\\\\\”disfrazados\\\\\\\” como para que nadie pueda reconocerlos,  a la vez que se trata de situaciones suficientemente comunes para que a todos les permita reflexionar.

Andrés.

Andrés tiene 17 años cuando un compañero del curso de teatro lo encuentra llorando, desesperado, en un intervalo de un ensayo de fin de curso. El profesor había dividido la clase en dos grandes grupos que entusiasmados preparaban una actuación especial. Andrés era un excelente alumno de teatro, incluso había sido contratado para hacer algún papel en cine, pero tenía un problema que poco a poco se le fue agravando: no toleraba las críticas, cada vez que el director o algún compañero le señalaban un error de interpretación, él se lo tomaba como una afrenta personal, esto fue empeorando hasta el punto que cada vez que se encontraba con dos amigos que hablaban en secreto o tan sólo en voz baja, Andrés pensaba que hablaban mal de él.  Así se lo encontró su amigo, le habían criticado una parte de su actuación, y por si esto fuera poco, escuchó que varios compañeros de curso cuchicheaban sobre la obra, lo que le permitió sospechar que él no servía para el papel que había sido asignado. –\\\\\\\”lo tuyo no es normal\\\\\\\”; le comentó su amigo, y le recomendó visitar a un psicólogo Cuando Andrés llegó a la consulta sus síntomas se habían agravado hasta hacerle la vida insoportable, ya no sólo creía que hablaban mal de él sus compañeros de teatro,  su grupo de amigos del barrio, con el que siempre contaba para sus horas libres, comenzaba a mirarlo de forma rara, según él lo apartaban de sus salidas especiales y estaba convencido que hablaban mal de él por ser actor, o por su forma de hablar, o por las cosas que decía: – \\\\\\\” ya no puedo hacer nada sin pensar que me miran mal o hablan mal de mí, tengo este problema desde siempre pero nunca pensé que sería para tanto, ahora me pongo fatal, me tengo que ir de los sitios, me pongo triste y raro, pienso que soy un idiota, que nadie me va a querer, todos hablan mal de mí, si estoy con el grupo de teatro son ellos los que opinan que no debo estar allí, si estoy con los amigos del barrio hablan mal de mí porque estudio teatro, mi madre y mi hermana también me critican, no lo hacen delante de mí, pero yo sé perfectamente que hablan fatal de mí, no estoy bien, yo sé que no es verdad que todos hablan mal de mí, es un rollo mío, pero no lo puedo evitar, al final me lo creo y ya no puedo ni hablar por miedo a meter la pata…\\\\\\\”; \\\\\\\”si estuviera aquí mi padre lo entendería, pero ya me acostumbré a vivir sin él; murió de un accidente de circulación cuando yo tenía 12 años, era un actor muy bueno, siempre me llevaba a los ensayos y si podía iba a los estrenos de las obras, cuando él murió mamá se puso a trabajar y dijo: -se acabó el teatro!-; cuando le dije que quería ser actor como papá no me dijo nada, me pidió que no dejara los estudios y es lo que hice, soy buen estudiante, pero mi vida es el teatro. A mi no me dejaron ir al entierro de papá, ni siquiera me pude despedir de él; desde que murió mamá retiró todas las fotos de teatro, sólo dejó en su habitación la foto de su boda, yo me guardé unas cuantas fotos de él, pero las tengo escondidas…\\\\\          

Para Andrés la vida y la muerte de su padre son un verdadero misterio, desapareció de su vida talvez en el momento que más lo necesitaba, a partir de su muerte, un duelo mal elaborado por toda la familia instauró la prohibición de mencionarlo o querer saber sobre él, desde su ingreso en la pubertad, Andrés no tuvo la oportunidad de hablar con un hombre, ni ver a su madre con otro hombre,  se  refugió en sus amigos del barrio, que iban al colegio con él,  al decidir estudiar teatro, sin saberlo, estaba intentando recuperar a su padre perdido, sentía que nadie lo apoyaba ni entendía porque estaba sometido a las reglas impuestas por la madre, ella había dicho \\\\\\\”se acabó el teatro\\\\\\\”, con su decisión, Andrés traía nuevamente la memoria de su padre y posiblemente su necesidad de reemplazarlo; el coste de tal decisión no fue otro que el pensarse criticado por todos.

 Su adolescencia le permitió oponerse a los dictados de la madre, pero esta confrontación con la madre debía ser pagada por un precio muy caro, además, si bien se oponía a la madre, inconscientemente había elegido aquello que representaba al padre, colocándose en su lugar se transformaba en el hombre de mamá, aquel que su madre había elegido como pareja; aquello que lo ayudaba a desprenderse de la madre, lo ataba a ella más que nunca. Andrés no podía vivir plenamente su entusiasmo adolescente por el teatro, su propia mente le jugó una mala pasada.

Durante su psicoterapia, un lugar para hablar del padre perdido entre otras cosas, decidió comunicarse con antiguos amigos y colegas del padre, estos le hablaban de él desde un lugar más cercano, se llenó de anécdotas del padre, de pequeñas historias de la vida cotidiana que le presentaban un padre real y humano, se dio cuenta que se podía hablar mal de alguien sin destrozarlo, y bien de alguien sin elevarlo a la categoría de un dios supremo (lo que él había echo con su padre);  estos contactos con colegas del padre le abrieron más puertas para acercarse al mundo del teatro, le empezaron a surgir pequeños papeles en diversas obras, poco a poco demostró sus dotes como actor, terminó sus estudios y se dedicó exclusivamente a actuar.  Fue entonces cuando pudo vivir su adolescencia, los rumores de los demás se transformaron en críticas constructivas, conoció a una chica de la que se enamoró, tenía mucho miedo a tener \\\\\\\”una relación seria\\\\\\\”; sentía  que eso no le estaba permitido; en su vida laboral, encontró personas en las que pudo confiar, y otras a las que necesitó idealizar: –\\\\\\\”yo quiero ser tan bueno como XX, nunca nadie sabrá hacer un papel como él, quiero trabajar en sus obras, estar a su lado, aprender con él\\\\\\\”.  Ahora XX jugaba el papel del padre que no pudo tener, y el papel del ídolo que necesitaba para crecer. En su terapia comentó: –\\\\\\\”nunca me imaginé que para salirse de un problema como el mío tuviera que hablar tanto, antes sólo me preocupaba, tenía miedo, ahora aprendí que hablando puedo hacer más cosas, sentirme más seguro.\\\\\\\”  La psicoterapia le ofreció un lugar para ser escuchado, en sus miedos, sus inseguridades y su historia,  Andrés mismo guardaba la llave que le permitiría salir de una situación que no le dejaba crecer.