El psicoanálisis con Adolescentes

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Caso por caso

Vamos a relatar algunos casos de púberes para poder comprender mejor la cantidad de situaciones que se ponen en juego en el momento de la pubertad. Estos casos pueden considerarse de algún modo como patológicos, son situaciones donde el púber sufre y la situación por la que atraviesa favorece la formación de síntomas, de todos modos debemos aclarar que esto es absolutamente frecuente en estas etapas de la vida.[9]

Marc.

Marc es un niño completamente alegre y autónomo en sus salidas, va al colegio solo desde que tiene siete años y ayuda mucho a sus padres haciendo pequeñas compras en el barrio.

A los 11 años y sin ningún motivo aparente Marc comienza a estar asustado, el miedo se apodera de él de tal manera que ya no puede ir sólo al colegio y necesita que lo acompañe alguno de sus padres, tampoco puede salir sólo a comprar y en pocos días no puede quedarse sólo en casa ni siquiera dos minutos, se angustia mucho y llora de miedo, sin poder explicarse lo que le ocurre, sólo pide a sus padres que por favor no lo dejen solo. 

En la consulta del psicoterapeuta al que acuden para poder comprender que es lo que ocurre Marc comenta cuando comenzaron sus síntomas: -”Tuvimos que leer un libro para el cole, es una historia muy triste y me asusté, se trata de un niño africano que unos europeos adoptan para que pueda comer, en realidad aparece en el primer capítulo que la madre lo abandona porque no tiene para darle de comer y que el padre se murió, es entonces cuando vienen los de Europa y se lo llevan, pero de mayor el niño quiere ver a su mamá africana y no la encuentra, se murió o algo así, el está contento con sus padres adoptivos pero está muy triste por saber que no tiene a su mamá”.

Aparece claramente en el relato de Marc la idea de un papá que se muere y no está y una mamá que abandona y luego no puede recuperar más; es muy posible que se esté refiriendo a lo que a el mismo le está ocurriendo, pierde a sus padres de la infancia y esto le produce mucho temor, tanto que se identifica con el niño del cuento que perdió a sus padres definitivamente.

En otra sesión Marc dibuja a un niño que le están cortando el pelo, la tijera es más grande que toda la cabeza, de su propio dibujo dice: -”Le había crecido mucho el pelo, lo tenía muy desarreglado, así que va a la peluquería a que se lo corten y lo arreglen”. Tal vez aquí Marc nos esté hablando de otras cosas que crecieron mucho en él y que siente que lo desarreglan, su aspecto físico denuncia esta situación, un breve bigote asoma en su cara y al referirse a otros cambios se queja de los pelos que le salen en el pubis, ¿cortárselo o arreglarse con él? ; ¿es posible hacer una referencia al miedo a la castración que aparece tan claramente en Marc? [10]

El mismo es quien nos va a ampliar esta hipótesis y posibilitará el que se pueda hablar con él de estos temas, sin que queden disfrazados en cuentos africanos, ni en miedos de abandono. Marc es hijo único, la madre trabaja en unas oficinas, mientras el padre se dedica al transporte de mercancías, el trabajo del padre favoreció cierto temor en la madre, un temor que según ella comentaba con su hijo sin entender el alcance que estos comentarios tenían para él: -”Papá está tardando mucho…”, “¿y si le pasó algo en la autopista?”…

Marc relata que pocos días después de leer el maldito libro su madre le comentó que bajaba a comprar unas cosas, el se quedó observando como su madre entraba en el ascensor de modo que vio que también subía al ascensor un señor desconocido, entonces tuvo la necesidad de escuchar por el interfono si su madre y el señor desconocido se hablaban, Marc reconoce que entonces tuvo la siguiente fantasía: -”el señor era guapo y mamá lo es, pensé que podían hacer el amor en el ascensor porque nadie los veía, luego se citaban otra vez, necesitaba escuchar la nueva cita para que papá lo supiera, a lo mejor esto haría que papá y mamá se separen…”

Cuantas cosas podemos encontrar en este pequeño relato. Marc descubre con su incipiente sexualidad a una madre sexualmente atractiva, capaz de enamorar al desconocido del ascensor; pero también descubre para su asombro y desconcierto que dice “a lo mejor se separan”, lo que nos estaría hablando de sus sentimientos más ocultos, así como la mamá africana no tiene marido, así como él puede separarse de papá  y mamá, la polisemia de sus intervenciones nos permite adentrarnos en la sobredeterminación de su síntoma fóbico, centrado en su pubertad, su cuerpo está cambiando, pero las fantasías que acompañan dicho cambio se vuelven insoportables para Marc; a partir de aquí ya no deja que le dejen solo, posiblemente como un modo inconsciente de controlar a sus padres para que no realicen en la realidad sus fantasías edípicas, papá fuera y mamá para mí, o para otros señores… El miedo se apodera de la vida cotidiana de Marc, pero al poder reflexionar sobre sus fantasías y sus temores Marc deja de tener miedo, también aparece un miedo asociado a la pubertad, no quiere jugar a ningún deporte para no pasar por la horrible experiencia de su desnudez en los vestuarios, la experiencia de los vestuarios con otros chicos nos remite a la comparación de su propio crecimiento con sus pares, pero el aparece siempre como desvalido, pequeño, deforme, incapaz…

Este problema no es exclusivo de Marc, casi todos los púberes varones, angustiados por el crecimiento de su cuerpo, colocan en la imagen de su pene la constatación o no, de que este crecimiento se está dando. La posibilidad de ver los genitales de otros hombres, ya sean pares o adultos, los remite instantáneamente a la preocupación por sus propios genitales, casi siempre vistos como pequeños, inútiles o desvalidos.

 Posiblemente sinónimos de no poder competir con el padre ni con el señor del ascensor, pero en la medida que su terapia le permite reflexionar sobre sus fantasmas, Marc reinicia sus competiciones deportivas y alcanza cierto éxito en un deporte, los padres, posiblemente asustados por otra posición de su hijo frente a la pubertad, comienzan a intentar prohibirle sus salidas con el equipo deportivo, aparece entonces la necesidad de estos padres de preferir un Marc miedoso a un Marc capaz de asumir su independencia, el problema deja de ser de Marc, los padres tendrán que enfrentarse a sus propios fantasmas puberales y permitir que su hijo viva su propio crecimiento sin miedo alguno.

 Sandra

Cuando Sandra tuvo su primera regla se asustó mucho,  la madre le había anunciado que aquello sucedería en cualquier momento, pero cuando en  sus bragas descubrió sangre estaba sola: \\\\\\\”completamente sola\\\\\\\”; se dirigió al supermercado más próximo y le contó a la  cajera lo que le había ocurrido, la cajera, asombrada o no, le vendió una caja de compresas y unas cuantas anécdotas sobre la regla: –\\\\\\\” ya verás cuanto duele\\\\\\\”, \\\\\\\”Uy que horror!!!\\\\\\\”, y otras cuantas sugestiones que Sandra necesitaba para llamar la atención de sus padres…\\\\\\\”Ellos no dijeron nada sobre la regla, me felicitaron y ya está, mamá ni siquiera se preocupó si tenía compresas.\\\\\\\” 

El tema de la primera regla es uno de los más importantes para toda niña púber, es tan importante que merecería un capítulo aparte, conjuntamente con las primeras poluciones de los niños.  Decimos que es importante porque enfrentarse a la regla no es nada fácil para muchas niñas y parece ser menos fácil para muchas madres, esto es históricamente así, muchas madres de adolescentes relatan como ellas \\\\\\\”se las tuvieron que apañar solas\\\\\\\”, su discurso queda respaldado y racionalizado debido a una época anterior en la que los temas del cuerpo y del sexo eran verdaderos temas tabú. Actualmente ciertos temas parecen estar superados y aparentemente se tendría que hablar más y mejor de ciertas cosas, pero la repetición de historias provenientes del pasado parece ser más fuerte  que la supuesta libertad de diálogo sobre el tema.

Para este tema, como para muchos otros, los padres se amparan con cierta tranquilidad en los colegios, se enteran por sus hijos/as que hay clases de educación sexual desde que los grupos clase tienen entre 11 y 12 años, además las llaman así: educación sexual; como si lo sexual pudiera ser enseñado igual que los ríos de Europa, si profundizamos mínimamente en estos temas descubriremos que la así llamada educación sexual no es más que un compendio de anatomía de los aparatos genitales acompañada de una breve y medicalizada explicación de las funciones y disfunciones de los mismos,  en algunos textos la información se amplía con una serie de instructivas fotografías de los diferentes métodos de anticoncepción, de este modo lo sexual pasa a ser una sub-asignatura de biología alejándose de la sexualidad humana lo máximo posible.  Ahora bien, las niñas reciben y estudian una extensa información sobre que es la regla en términos fisiológicos, pero todo lo que acompaña a las reglas, sus componentes más psíquicos, eso está ausente; es entonces cuando se espera que el diálogo con los padres pueda iniciarse y profundizar sobre el tema; Sandra es un ejemplo  más sobre muchos que podríamos citar, ella acaba hablando con la cajera del supermercado, la mayoría de las púberes en la actualidad conversan muy poco del tema con sus padres, en estos casos el grupo de amigas vuelve a ocupar un lugar fundamental como espacio de comprensión y de contención de determinadas angustias.  Luego será fácil preguntarse porque estas púberes sienten terribles y dolorosísimas reglas cuando no hay una explicación médica suficiente que nos informe que esto es así, a lo mejor necesitan poner un acento a su manera, allí donde el diálogo con los mayores quedó truncado.

Poco después Sandra tuvo un novio,  un novio con todas las características de un novio puberal, era rechazado por los padres  y gozaba de la misma música que sus padres aborrecían.

 Pero este no era el problema de nuestra pequeña Sandra, además de su novio/par, no tenía amigas, ni amigos en el colegio, más bien daba la imagen  de \\\\\\\”pasar de todo\\\\\\\” y estar superada de todas las niñerías que hacían sus compañeros/as…

Sus padres eran  el espectro de una pareja que había existido unos diez años antes, en el momento de la eclosión puberal de su hija estaban más preocupados por ellos que por su hija,  no sólo hasta el punto que tuviera que buscar sus compresas   sola en el supermercado, sino hasta el punto que su madre no toleraba que usase su ropa para irse a una fiesta.

Al  igual que cualquier púber, criticaba a su madre por su talla y su gusto en el vestir, pero su mamá escuchaba esas críticas como una separación con su hija y, por lo tanto, una agresión hacia su persona y no como una crisis puberal; esto produjo tantos roces que  no permitían que ambas tuvieran una relación coherente, especial y específica para la edad de cada una.  Su madre se transformó en una púber en la medida que su hija crecía, hablaba mal de su grupo de amigos y amigas y criticaba cada uno de los chavales que pretendían a su hija,  cualquier cosa que ella hiciera era objeto de crítica de una madre que no toleraba su envejecimiento,  y por lo tanto el crecimiento de su hija.