El psicoanálisis con Adolescentes
Taller en el marco del XXX Aniversario de la Facultad de Psicología en la Universidad Regional del Sureste. Oaxaca de Juárez, México (2012)
La pubertad es una etapa de la vida que hasta el momento ha sido poco considerada por la bibliografía especializada. En realidad muchos autores la colocan del lado de la infancia y muchos otros como simple preámbulo de la adolescencia; de este modo, las disciplinas que se ocupan de las diferentes etapas de la vida hablan de la pubertad centrándose en su vertiente más biológica, de hecho la etimología de la palabra pubertad también nos remite a los cambios físicos de esta etapa.[1]
Pero los cambios hormonales típicos de la pubertad no se dan de un día para el otro, y desde su irrupción en la vida de los niños y las niñas provocan en ellos y en sus padres verdaderas crisis personales y/o grandes cambios psíquicos que nos permiten aislar esta etapa y otorgarle un lugar más destacable del que se le ha dado hasta ahora.
Debemos pensar y advertir que el estudio de la vida emocional de los seres humanos desde la psicología evolutiva nos permite seccionar la vida en diferentes etapas o estadios, estos \\\\\\\»cortes\\\\\\\» no suponen en absoluto una autonomía entre una etapa y otra, todo lo contrario, debemos entenderlos como una sucesión de hechos y factores que están entrelazados unos con otros y que van a permitir que las siguientes etapas o crisis evolutivas tengan su explicación en etapas anteriores y su participación en las etapas posteriores del crecimiento de todo individuo; así que si nos detendremos a profundizar sobre la pubertad, necesitamos hablar de la infancia y remitirnos a la adolescencia, sin que ello signifique quitarle un lugar específico a la pubertad y sus crisis concretas.
Otra cuestión importante que debemos aclarar es que al hablar de etapas de la vida, obviamente, estamos haciendo grandes generalizaciones, esto no es del todo correcto, ya que no hay ni una sola persona que viva y se desarrolle igual que otra, en realidad estas generalizaciones las podemos hacer después de haber escuchado a una gran cantidad de niños, de púberes y de adolescentes, así como a sus padres y personas que están en contacto con estas edades, pero al ser generalidades se pierde la importancia que se debe prestar a cada individuo con su historia, su momento y la cultura y la sociedad donde cada sujeto ha crecido. (Por este motivo a veces resulta peligroso hacer generalizaciones, pongamos por ejemplo que decimos: “la pubertad comienza alrededor de los 12 años\\\\\\\», cualquier persona que nos lea puede pensar que esto o aquello no le ocurrió hasta los 14 años, o que su hijo/a mostraba evidentes cambios puberales a los 10 años…)
Los seres humanos nacen totalmente indefensos, cuando un niño nace necesita de otro para poder sobrevivir, este otro, generalmente la madre, le proporciona al bebé todo lo necesario para su vida y crecimiento, lo alimenta, lo viste, lo cambia, le da calor, le da afecto y cariño, digamos que con todas estas funciones maternas el bebé está recibiendo una cantidad impresionante de estímulos y sensaciones nuevas, que van a ser la base, los pilares, de lo que será su funcionamiento físico y psíquico posterior.
Con sus cuidados, la madre no sólo le ofrece al hijo lo necesario para su supervivencia, conjuntamente con el padre, también le están ofreciendo un universo simbólico que constituye la base de todo su desarrollo emocional.
Aún antes del nacimiento, la madre y el padre han estado pensando ese hijo, primero lo desearon y frente a ese deseo lo buscaron y lo tuvieron, ese deseo de hijo los padres lo han tenido probablemente desde su infancia, y en el encuentro con su propio hijo confluyen esos deseos infantiles con otros muchos deseos e intenciones y también con muchos temores y muchas dudas, que podrán ser explicitados o no, pero que jugarán un importante papel en el desarrollo del niño como hijo y de los padres como padres.
Vemos como desde el momento de nacer el cachorro humano depende completamente del mundo que le rodea, en esta primera infancia podemos hablar de un estado de dependencia total, poco a poco, el niño/a va creciendo y gracias a la interrelación que tiene con su madre primero y con los demás después, va adquiriendo cierta autonomía, va desprendiéndose de los cuidados y atenciones maternas, configurándose como una entidad propia, con sus propios deseos, sentimientos y sensaciones.
Este proceso que va de la total dependencia a la independencia total puede durar toda una vida, en la mayoría de los casos culmina con la adolescencia, pero se reedita permanentemente desde la vida adulta a partir del momento que surge nuevamente el deseo de procrear y la capacidad para lograrlo.
A lo largo de todo este proceso se dan momentos de separaciones parciales que en muchos casos resultan difíciles de superar, son vividos como verdaderas crisis personales, y pueden darse tanto desde el pequeño como desde los mayores que lo cuidan; en realidad toda separación implica una situación que involucra tanto a los padres como a los hijos, a veces, admitir que uno juega un papel importante en determinado conflicto, permite abordar el problema y acercarse a una posible resolución del mismo; hablemos de estas pequeñas separaciones que se van dando a lo largo de la infancia: el niño comienza a caminar, va sólo hacia los objetos, gracias a su nueva capacidad de trasladarse va a llegar a más sitios, se aleja un poco de los padres, en esos momentos podemos escuchar a una madre que dice: -\\\\\\\»Cuidado que te caerás!!\\\\\\\», Y un bebé que parece responder más al miedo de la madre que a sus propias ganas de desplazarse y cae, llora y logra los brazos de la madre, para tranquilidad de la misma… esto hasta que esa madre le permite caminar y le puede fomentar incluso el desplazamiento, \\\\\\\»ve a buscar tal o cual cosa\\\\\\\»; los padres que toleran mejor las pequeñas separaciones van a responder de otra manera, en lugar de advertir los posibles peligros pueden felicitar a su hijo: -”mira que bien, ya puedes caminar!!\\\\\\\», y el bebe va adquiriendo mayor destreza y soltura en sus movimientos…
Podríamos hablar de cantidad de estos pequeños momentos que configuran la infancia, en cada uno de ellos encontraríamos diferentes reacciones y siempre conectadas con la relación niño-adulto; tomemos por ejemplo la entrada a la guardería, la enseñanza del control de esfínteres, la entrada al colegio, las salidas con otros adultos, las salidas con otros amigos, todos estas situaciones pueden ser vividas de forma temerosa o con alegría, con pesar o con alivio, con tristeza o con indiferencia, pero todas en su conjunto van a ir construyendo la salida de la infancia, la salida de la dependencia de los padres, el principio de la autonomía total.
La pubertad es el momento de la vida donde comienzan las separaciones reales y concretas, los niños y niñas púberes comienzan a reclamar cierta distancia de los padres, si hasta el momento de la pubertad ir a un parque de diversiones, a un cine o un teatro, constituían parte de las salidas familiares, es ahora que el púber precisa quedar con sus amigos, ver sus propias películas, salir con su propio grupo, alejarse un poco del contexto familiar, y decimos un poco porque todavía necesita también a su familia, y es dentro de esta ambivalencia de estar o no con los padres que se mueve el púber, colocado todavía en el mundo de los pequeños, comienza a querer experimentar el mundo de los mayores.
Un ejemplo concreto de esto es el quedarse sólo en casa. Hasta determinada edad el niño necesita la presencia de alguien mayor que le permita sentirse cuidado y protegido, cada salida de los padres conlleva obligatoriamente el pedido de un \\\\\\\»canguro\\\\\\\», ya sea un familiar o no, algún adulto debe cuidar del niño que se siente sólo ante la ausencia de los padres. A partir de la pubertad el niño prefiere quedarse sólo, no necesita que llamen a los abuelos o a la canguro, las salidas nocturnas de los padres se transforman para los púberes en verdaderas aventuras personales que los enfrentan con su propia soledad, sus propios miedos y sus propios recursos para superarlos.[2]
Los colegios saben bien como las separaciones consisten en un verdadero aprendizaje, por eso cuando programan colonias infantiles van aumentando paulatinamente los días de ausencia de casa de los niños; ahora gracias a la reforma educativa, al acabar 6º curso, los niños de 12 y/o 13 años podrán realizar en plena pubertad el soñado viaje de fin de curso, todo un símbolo de la separación con la familia.
Pero la infancia no es sólo el momento de la vida en el que se aprende a tolerar las separaciones, gracias a la relación con los padres el niño va adquiriendo capacidades propias y compartidas con el resto de la sociedad; el mejor ejemplo de este aprendizaje diario es el lenguaje, el niño aprende a hablar porque es hablado por los padres, los adultos o los demás seres con quienes comparte su vida hablan entre ellos y el bebé escucha, y le hablan al bebé y le cuentan cosas y le hacen compartir lo que sucede y los sentimientos que se tienen, y el bebé sigue escuchando y construyendo dentro de él ese maravilloso poder que le permite el lenguaje, compartir, pensar, comunicar.[3]
Mediante el lenguaje y la comunicación, en todas las interacciones que tenga con los otros, el niño irá construyendo categorías mentales cada vez más complejas, estas categorías le permiten adquirir y comprender las leyes que regulan el funcionamiento social dentro de su propia cultura, de este modo, un niño va a poder distinguir entre lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer, entre lo lícito y lo prohibido, entre lo que es bueno y lo que es malo, entre lo propio y lo ajeno, lo posible y lo imposible; es en estas categorías donde mejor podemos reconocer el sello, la firma, la participación de cada uno de los padres como portadores de esa cultura que el niño integra.
Los padres se amparan consciente o inconscientemente en la escuela a la que envían a sus hijos para que sea la institución escolar la que introduzca en la vida del niño las pautas y reglas culturales; de todos modos, el niño en la pubertad integra tanto los elementos que le son dados en la escuela como aquellos que observa y escucha en casa.
De todos modos al llegar la pubertad el niño pone en cuestionamiento todas y cada una de las reglas que aprendió en casa y en la escuela; es como si necesitara re-inventar sus propias reglas, junto con sus pares y ajenos a los aprendizajes anteriores. Es bastante habitual observar, por ejemplo, como los púberes se inventan verdaderos idiomas nuevos y complicados para comunicarse entre ellos. Aún así, demuestran la necesidad que tienen de las reglas impuestas por la sociedad en sus gustos por los juegos reglados, a los que hay que seguir pauta por pauta y que suelen regular el funcionamiento grupal y el tiempo libre de los pubescentes.
¿Poner en cuestión las reglas, las normas de convivencia, o sentir que se necesitan más que nunca? Este es sólo un ejemplo más de cómo el púber se encuentra en una permanente oscilación, la ambivalencia es notoria en esta edad y sobretodo en estos temas. El púber pone en cuestión las reglas y/o normas del mundo adulto porque necesita re-inventarlas, hacerlas propias pero desde otro lugar, el suyo y no el de los padres y otros adultos. A lo largo de su crecimiento el niño ha aprendido de sus adultos, de su medio, una serie muy larga de normas o leyes que van desde las maneras que puede utilizar para comer hasta como se debe saludar, que hora es la indicada para dormir, que ropa es la necesaria para salir según las ocasiones y la temperatura, y un largo etc.; todas normas que van a facilitar la convivencia del niño con su familia y que forman parte del patrimonio que el niño lleva en su conducta cuando llega la pubertad. Es entonces cuando va a enfrentarse a estas normas de un modo u otro; pero ¿qué sucede si estas normas no le han sido enseñadas al niño? ; en primer lugar no tendrá a que enfrentarse, la soledad y el abandono que esta falta de cuidados implica va a tener que tener una respuesta en patologías mentales muy severas.
La cuestión de las reglas y/o normas es un tema ampliamente estudiado por quienes se ocuparon de los problemas individuales o familiares, el equilibrio siempre necesario para el aprendizaje de las normas socio-culturales no siempre se toma en cuenta, la excesiva permisividad, es vivida por el niño como una falta de atención, y puede significar en realidad, una verdadera despreocupación por parte de los padres; mientras que un exceso de autoridad, cierta desmesura a la hora de enseñar ciertas reglas, puede ocasionar graves patologías y ser también un modo encubierto de maltrato e intimidación de los padres respecto a sus hijos: Camila tiene problemas en el colegio, la tutora del curso se ocupó de averiguar lo que le pasaba, nunca traía los deberes hechos, parecía no prestar atención en clase, estar siempre en la luna; al hablar con sus padres estos comentaron que nunca le preguntaron si tenía deberes o no, tampoco sabían que horarios hacía su hija y no se preocupaban por sus actividades ni amigos. El caso de Camila como el de muchos niños nos permite pensar que su fracaso escolar no era más que un pedido de auxilio, una llamada de socorro para que alguien, algún adulto responsable, se ocupe de ella y de su falta de límites.
Pedro siempre traía sus deberes, un niño ejemplar en lo que respecta a sus estudios, talvez demasiado perfeccionista (este suele ser un problema que no preocupa a la escuela, generalmente todo lo contrario), pero su problema aparecía a la hora del patio, incapaz de jugar con nada ni con nadie, la escuela citó a sus padres después de comprobar que éstos justificaban su ausencia a las colonias del grupo: -\\\\\\\»siempre le enseñamos a hacer cosas útiles, estudiar es bueno, salir de colonias no es productivo, nuestro hijo no necesita amigos, lo que necesita es estudiar mucho y nada más…\\\\\\\»
Entre Camila y Pedro, como dos ejemplos extremos, existe un número muy elevado de casos cuya problemática tiene que ver con los límites y la posibilidad que tienen los padres para transmitirlos y enseñarlos, lo cierto es que de un extremo al otro, llegada la pubertad, estos aprendizajes familiares sufrirán un proceso de transformación hasta que sean finalmente metabolizados por los púberes y los adolescentes.
A esta edad, su necesidad de poner a prueba las reglas, y sobretodo los límites que estas reglas tienen, nos permite encontrarnos con situaciones de verdaderas \\\\\\\»guerras\\\\\\\» hogareñas: Maite les comunica a sus padres que saldrá con dos amigas del cole; -\\\\\\\»iremos al cine a la función de las seis\\\\\\\»; los padres de la niña de sólo 12 años aceptan la salida después de un largo interrogatorio; -\\\\\\\»¿que película verán?, ¿quién tuvo la idea?, ¿dónde se encontrarán?, ¿cómo irás hasta el cine?, ¿quieres que te lleve?, ¿a que hora volverás? ; después de superar todas estas preguntas que tranquilizan a los padres, los mismos le sugieren a su hija que vuelva a las 8, justo al acabar la película, comienza entonces un período de negociaciones, -\\\\\\\»no puedo llegar a esa hora, ¿puedo volver a las nueve?, tenemos que ir a tomar un helado después del cine\\\\\\\», los padres sugieren media hora antes, a veces las negociaciones pueden ser por diez minutos antes o después, finalmente la hora de llegada queda fijada a las nueve. Maite llega a las nueve y veinte, y se encuentra con una serie de castigos por \\\\\\\»robar\\\\\\\» veinte minutos a la hora indicada, en su calidad de púber no está haciendo más que probar los límites que las reglas tienen, y sus padres, en su posición de padres puberales, no hacen otra cosa que imponer las reglas que consideran justas y adecuadas.
No existen jueces parciales para estas querellas cotidianas de los púberes frente a los representantes de la ley, cada uno lleva una razón inescrutable frente a la realidad del otro, talvez el período de negociaciones que cada norma conlleva se puede entender como un intercambio inter-generacional, que va a funcionar como un aprendizaje entre padres e hijos respecto a las nuevas situaciones que se están viviendo, y las que aún faltan por vivir.
Esta problemática, presentada con ejemplos de la vida con la familia, se presenta de igual modo en la escuela, cualquier educador que intente enseñar determinadas reglas, no tendrá éxito si su postura es demasiado autoritaria y rígida, ni lo tendrá si se presenta como demasiado permisivo y tolerante; le corresponde a cada educador encontrar un lugar adecuado para un diálogo operativo en su relación con sus alumnos, sin olvidar que su lugar es único, que no debe ocupar el lugar de los padres, ni el lugar de los pares en la relación que establezca con todos y cada uno de sus educandos.
La cuestión del tiempo libre es uno de los mayores problemas que nos encontramos en la actualidad respecto sobretodo a esta etapa intermedia que es la pubertad. Parece ser que la sociedad no les ha encontrado un lugar al que puedan sentir como propio de su edad. Escuchemos a Susi, como en su tono reivindicativo protesta ante esta situación:
–\\\\\\\» fíjate en la cartelera, ¿hay alguna peli para chicas de once años? Tienes las de super pequeños, que no te vas a ir a ver una de dibujitos porque queda fatal, bueno y además ya no me gustan, después están las de grandes que van a ver mis padres y sus amigos y después se quedan horas y horas hablando de una peli tope aburrida y que no se entiende nada o que va de política y así, las otras de grandes son de polis o de asesinos y me dan tope miedo, ¿qué me queda para ver? Me gustan las de amor pero muchas son prohibidas porque salen muchas escenas de sexo, ahora para hacer una peli de amor todos tienen que cardar, me quedan esas tontadas de todos los públicos y que es la típica nena que se va de vacaciones con su papá y se pasa las vacaciones ligando…\\\\\\\» En la descripción de la actualidad cinematográfica de Susi no hay lugar para ella y sus congéneres, y si bien su discurso se puede escuchar como la insoportable levedad de ser una púber en esta época, donde nunca hay un lugar para ella, descubrimos en su descripción una cierta verdad que la hace sentirse desplazada y aburrida, Susi en su búsqueda de un lugar para su edad comenta en otra ocasión: –\\\\\\\» algunas amigas se van cada fin de semana al pueblo de los abuelos, yo tengo los abuelos en Barcelona y además no hacen otra cosa que ver la tele y comer. Algunas amigas se van al esplai, pero las tratan como niñas pequeñas y si protestan las ponen a cuidar a los más pequeños; otras se van con el centro excursionista, pero para eso te tiene que gustar la montaña…\\\\\\\». El discurso de esta niña se hace cada vez más insoportable pero en su queja aparece una verdad que ella denuncia: no existen en la actualidad espacios propios para púberes, están en un lugar tan intermedio que no pueden ocupar ningún lugar.
En otro lugar hablaremos de los espacios para adolescentes y lo que ellos hacen con su tiempo libre, pero parece haber una queja que comienza en la pubertad en la búsqueda de lugares propios y se alarga hasta bien entrada la adolescencia donde los lugares de diversión y encuentro son el paradigma de la no-comunicación, música a tope, droga de diseño y mucho alcohol, son las propuestas más comunes para los adolescentes en estos momentos.
El problema que nos encontramos en la actualidad parece ser que la cuestión de la comunicación y el diálogo entre los púberes y sus padres, (y lamentablemente lo podemos ampliar a toda la infancia y la adolescencia) es que no existe, o se da en contadas ocasiones, talvez cuando es demasiado tarde para dialogar y profundizar sobre algunas cuestiones.
¿Por qué creemos que el diálogo es importante en estas edades? Establecida así, esta pregunta carece de valor, en realidad el diálogo es importante en y para todas las edades y ciclos de la vida, en la pubertad la falta de diálogo entre padres e hijos puede llevar a una confrontación permanente que en lugar de enriquecer el crecimiento de padres e hijos los enfrenta a una situación de no-diálogo, de imponer posturas unos contra otros, en lugar de acercarse unos y otros, la permanente confrontación, provoca desazón y aislamiento.
¿Cómo solucionar la falta de diálogo? Esta es una pregunta que padres, educadores, adolescentes y púberes se plantean constantemente, ¿acaso hay solución?
En primer lugar es necesario destacar que el diálogo entre padres e hijos, así como tantas otras cosas de la vida cotidiana familiar, es algo que se aprende desde que el sujeto es muy pequeño, se trata de un modelo que los padres recibieron cuando eran niños de sus propios padres, y estos a su vez de sus padres y así generación tras generación, con esto queremos subrayar que aquellos padres que fueron hablados y escuchados desde pequeños por sus propios padres, espontáneamente escucharán y hablarán con sus hijos, mientras que aquellos que fueron desplazados de un lugar de diálogo por sus padres y/o familiares, tendrán más problemas para comunicarse con sus propios hijos, repitiendo inconscientemente esa falta de lugar que ellos mismos padecieron en otra época y lugar.
No podemos nunca hablar de una solución en concreto, cada familia debe encontrar sus modos de diálogo y las oportunidades que tiene para establecer comunicaciones fructíferas entre sus miembros; pero sí podemos afirmar que el primer paso a seguir, una vez confrontados a la idea de la falta de diálogo y lo necesario que esto es, es pensar cómo y porque se interrumpió la comunicación (si ésta existió), o bien porque ésta no se da o no puede darse: Los padres de Germán me contaban como su hijo se cierra frente a toda posibilidad de diálogo, no contesta, se queda en silencio, no dice nada, \\\\\\\»cada vez que le preguntamos algo no responde\\\\\\\», preguntados por sus preguntas llegamos a la conclusión que lo que ellos llamaban diálogo no era más que un extenso interrogatorio hacia el hijo, con la espera de respuestas seguras y concretas, lo que este niño reclamaba con su silencio era que también lo pudieran escuchar en sus dudas, en sus preguntas y misterios.
¿Porqué aseguramos que el diálogo en la familia es prácticamente inexistente en la actualidad? Porque en la mayoría de los hogares se instaló con fuerza el enemigo del diálogo como un pariente más omnipresente y constante: la televisión. ¿En cuántos hogares se cena con la televisión apagada, en un ambiente favorecedor de diálogo? ¿Cómo explicar sino que los mal llamados \\\\\\\»programas familiares\\\\\\\» se emitan en la franja horaria que coincide con la cena? Como explica Jordi: –\\\\\\\»Papá lo primero que hace al llegar a casa es coger el mando de la tele, empieza viendo el telediario y luego continúa viendo cualquier cosa: Lo que más le gusta es hacer zapping y lo que más rabia me da es que no pregunta a nadie si queremos ver tal o cual cosa. Lo genial es cuando papá no está, entonces nos peleamos con mi hermano para ver quien tiene el mando, así podemos ver nosotros lo que queremos\\\\\\\». [4]
La televisión no es sólo el medio que las familias actuales encontraron para obturar toda posición de diálogo, hablaremos del problema de los medios de comunicación de masas más adelante, pero avanzamos el problema si pensamos en la cantidad de horas que un niño puede pasarse frente a la televisión en la actualidad, desde este punto de vista, debemos pensar en este \\\\\\\»pariente omnipresente\\\\\\\» como un poderoso medio de transmisión de cultura, de ideas y valores que adquieren un lugar importante en la formación del psiquismo de los niños.
Además de relacionarse con los padres y los familiares y las personas que los rodean los niños se relacionan con su propio cuerpo, el descubrimiento de lo propio y lo ajeno lo llevará a encontrarse con algo que le es completamente propio, los límites de sus sensaciones y estímulos, tanto internos como externos; el descubrimiento del cuerpo y su capacidad de generar placer o displacer según las circunstancias, es un descubrimiento apasionante y muy placentero, una tarea que no parece tener fin.
El cuerpo y las zonas que en él dan placer o displacer van cambiando y creciendo conjuntamente con los niños, las sensaciones recibidas por y en el cuerpo tendrán una representación mental determinada que lo pueden llevar al niño a repetirlas o intentar esquivarlas, en esta relación con su propio cuerpo también intervienen los deseos de los padres y sus acciones y actuaciones con el cuerpo de sus hijos van a desarrollar en los mismos los modos de relación y satisfacción corporales ulteriores.
Desde el nacimiento la madre o quien la sustituya va tocando permanentemente el cuerpo del bebé, lo mima, lo acaricia, lo cambia, lo limpia, pero en un principio sobretodo le da de comer, al darle el pecho y permitirle obtener su consumo, le permite obtener un importante placer en la zona oral; el bebé descubre primero el mundo con su boca, como un intento permanente de buscar el placer que le da cada mamada, el bebé investigador intentará reconocer los objetos por las sensaciones que le brinda en la boca, su sabor, su textura, todo será reconocido por sus labios succionadores, en esta época el chupete será un excelente reemplazante de la madre.
A medida que va creciendo el interés por otras zonas de su cuerpo se hace más importante, cuando llega el momento oportuno de controlar la micción y la defecación, el niño está muy pendiente de sus esfínteres, otra vez, la relación con sus padres es importantísima, el niño prueba y comprueba los beneficios que le da el ofrecerle sus producciones a quien se las pide o retenerlas dentro de él para obtener un placer suplementario.
Una vez superada la etapa anal[5], el placer preponderante se dará por la estimulación de los genitales, todo niño o niña, comienza a sentir la excitación placentera que le ofrecen sus genitales; esta estimulación genital viene acompañada por un gran descubrimiento del mundo exterior, los niños y niñas comienzan a ocuparse de los otros y descubren que existe una diferencia fundamental, niños y niñas no son iguales, la diferencia anatómica de los sexos se hace más que evidente y fomenta y promueve cantidad de fantasías y temores al respecto. Los varones descubren que otros seres no tienen pene y las niñas perciben que los genitales de los varones son diferentes; esta diferencia los lleva inmediatamente a investigar sobre las posibilidades y circunstancias genitales de sus padres, con estas comparaciones aparecen los grandes apasionamientos y los celos y la rivalidad con el progenitor del mismo sexo se hacen más que evidentes.
Los niños se percatan de la necesidad de un otro para obtener placer, tienen el modelo de sus padres en casa y posiblemente los modelos que le ofrece la sociedad, comienzan a planear un futuro imposible: -\\\\\\\»me casaré con mamá\\\\\\\»; \\\\\\\»me casaré con papá\\\\\\\», para finalmente aceptar las reglas que regulan el funcionamiento de la sociedad y que tienen en la prohibición del incesto su principal organizador.[6]
Aparece una nueva renuncia, algo que separa a los niños definitivamente de los padres, el placer sexual lo tendrán que buscar fuera de las relaciones familiares; la puesta en marcha de otros intereses, muy fomentados por la integración a la escuela y, por lo tanto, a la convivencia con otros pares, permite que los niños dejen en un segundo plano a los genitales para ocuparse de otras cosas, el así denominado período de latencia, por estar en estado latente las pulsiones sexuales, coincide con una apertura de intereses hacia lo externo que representa el conocimiento y el saber; no faltará mucho, para que la eclosión hormonal que comienza a determinar verdaderos cambios en lo corporal, permita que el interés por los genitales y sus usos posibles vuelvan a aparecer en quienes ya podemos denominar púberes.
Secretos del Corazón.
Este es el título de la última película de Montxo Armendáriz, en ella, a la manera de un relato intimista, el protagonista, un niño de nueve años, nos va describiendo lo que el mismo está descubriendo, es una película que resume excelentemente los descubrimientos el niño que está dejando de ser niño.
Javi, así se llama el niño, está intrigado por las voces de los muertos, porque “los muertos gritan para liberarse de sus secretos”, según la sinopsis que hace el mismo director: “Intrigado por un mundo enigmático, Javi seguirá indagando en los misterios que oculta. Y en esta búsqueda, este empeño por conocer y descubrir cuanto le rodea, desvela ante Javi una realidad donde las mentiras, las pasiones, el amor y la muerte, van sustituyendo las fantasías de su mundo infantAl comienzo de la película el amigo íntimo de Javi le propone cruzar el río por un camino de piedras, un atajo utilizado por los adultos y los niños intrépidos, Javi reconoce su miedo y decide cruzar por el puente, donde se siente más seguro… luego comienzan sus descubrimientos del mundo adulto, y Javi se va posicionando de una forma distinta frente a todo lo que ocurre a su alrededor; el interés por el sexo aparece primero bajo la forma del terror cuando su perra se cruza con un perro paseando por el campo, luego el sexo lo llena de intrigas y busca respuestas, le pregunta a los adultos sobre la copulación y comienza a interesarse por los genitales femeninos (en su interés por descubrirlos es especialmente tierna la escena en la que junto a su amigo deciden gastarse su semanada en pagarle a una niña para que les enseñe sus genitales…), el descubrimiento del sexo lo lleva a descubrir el amor y la pasión, hasta que al final, cuando su tía María huye para vivir su propia historia pasional, Javi no teme ya cruzar el río por el camino de piedras para despedirse de ella, su emocionante recorrido puberal lo llevó a cruzar un camino que deja detrás su propia infancia.
Todos tienen secretos del corazón.
Lo secreto y los secretos forman parte de la vida del púber, talvez por encontrarse demasiado metido en sí mismo, observando sus cambios y lo que cambia en relación con los demás, el niño púber necesita un espacio propio y secreto, de ahí que sea tan corriente que en la pubertad tanto niñas como niños comiencen a escribir un diario íntimo, el amigo de papel al que todo se le cuenta, los púberes se pasan horas escribiendo en sus diarios las anécdotas de la vida cotidiana, sus descubrimientos y sus sinsabores.[7]
Luego reemplazarán sus comunicaciones escritas con verdaderas relaciones de amistad. En estas edades la amistad es más que cualquier cosa, tal como lo describe excelentemente en su artículo S.Tubert, la amistad pasa a tener la importancia de un doble que completa al púber en aquellas fantasías e historias que el púber cree no llegar, su doble vendrá a ocupar un lugar de modelo y por lo tanto de posibles identificaciones posteriores. Su diario primero y el amigo íntimo después ocupan un lugar de confidencias muchas veces, la mayoría, envidiado por los padres, celosos por querer ocupar un lugar que no les corresponde, los padres cometen a veces una imperdonable intromisión, o bien aprovechan la ausencia de sus hijos para leer sus diarios íntimos, irrumpiendo de este modo en la necesaria intimidad del púber, o bien arremeten contra el amigo o amiga del púber, tratando de mostrar a su hijo/a, lo malo de esa relación, actitud que no hace más que reforzar esa relación amistosa ya que significa el principio de una esperada independencia.
Lo secreto del diario pasa a los secretos con el amigo/a o con el grupo, con ellos podrá intercambiar miedos e ideas como pares, un lugar del que los padres sufren un inevitable desplazamiento. Preocupados/as por los cambios corporales es extraño que algún púber haga partícipe de sus preocupaciones a los padres… El varón si no eyacula aún al masturbarse, o la niña que aún no le ha venido la regla, comparten sus preocupaciones con sus pares, con aquellos que sienten próximos e iguales, rara vez con los adultos que los rodean.
Pero el amigo/a íntimo/a no soluciona ni cubre todos los vacíos identificatorios de la pubertad, se puede compartir con ellos toda una serie de vivencias que hacen al paso de la pubertad a la adolescencia, pero los púberes necesitan de otros modelos identificatorios, es decir, de otros estímulos que amplíen su camino hacia la extraterritorialidad propia de su edad, así nacen los \\\\\\\»fans\\\\\\\» y así permanecen colgados en formas de pósters, fotos, o cualquier otra imagen, que les traiga el recuerdo de una imagen que los aleja de los gustos familiares y los aproxima a ideales construidos en el exterior.
La sociedad de consumo suele otorgar un lugar preponderante a estos ídolos puberales, especialmente porque promueven un tipo de consumo dentro de una población absolutamente sobornable por la imagen que promueven: extra familiar y ajena a los ideales conocidos o tolerados en casa. ¿Cómo explicar sino el éxito de engendros comerciales como Michael Jackson o las Spice Girls? Estos ídolos de púberes (no tanto de adolescentes) se transforman en tales porque están al servicio de lo necesario en estas edades, se presentan como estereotipos de lo ideal a conseguir, en ese sentido las Spice Girls son todo un ejemplo, cada una cumple con un modelo específico: la deportista, la alocada, la informal, la formal y la púber, cada una de ellas cumple con un modelo a seguir y adorar, por lo tanto a copiar y admirar; además cumplen con otra intención fundamental: los padres las aborrecen, cuestión que las convierte en más idealizadas todavía.
Los púberes admiran a sus ídolos y muchas veces hasta los copian, necesitan de los estímulos que les brindan para enfrentarse al fantasma de su nueva personalidad y, sobretodo, separada de los ideales de los padres. Podríamos incluso determinar que cualquier púber que esté demasiado de acuerdo con sus padres está viviendo una pubertad que no le pertenece, en todo caso, alegra a los padres, pero se siente habitado por un cuerpo que no es el suyo y una cabeza que le es ajena.
Además de los ídolos que la sociedad de consumo les va aportando al imaginario de los púberes, en muchos casos nos encontramos con figuras adultas que ocupan un lugar de idealización para el niño y les permite entablar una relación con algún adulto que representa de un modo u otro el ideal de padres que el púber se va construyendo; de esta manera surgen en la pubertad relaciones de compañerismo y verdadera amistad con profesores, tutores, monitores, los padres de otro niño, o los amigos y /o amigas de algún hermano o primo mayor; suelen ser relaciones extremadamente enriquecedoras para el mundo del púber, los padres suelen encontrarse celosos y hasta incomprendidos al sentirse rechazados y apartados por sus hijos y el otro que les proporciona una escucha y una relación diferente, el padre de Eloy decía: –\\\\\\\»Eloy prefiere estar con su monitor de football que conmigo, antes me levantaba cada domingo temprano para llevarlo a los partidos, ahora prefiere tomar dos autobuses esperando encontrarse con ese monitor que de lo único que habla es de tácticas y de los partidos de la liga, no les alienta cuando juegan, más bien lo contrario, está venga gritarles y machacarlos y parece que eso es mejor, el niño no hace más que hablar maravillas de ese tío… Ya le tengo dicho al chaval, un solo suspenso y se acabó el deporte extra-escolar, si tiene la cabeza dale que te pego con el monitor ese y sus partidos no le queda lugar para las mates…\\\\\\\». A pesar de los celos de su padre, Eloy terminó el curso con buenas notas, y con la alegría de haber ganado unos cuantos partidos con su equipo.
Los púberes se encandilan con su propia imagen, y además con las imágenes de sus ídolos; para adorar la imagen de sus ídolos llenan su diario, su habitación y lo que haga falta, con su propia imagen se observan frente al espejo para intentar descubrir quienes son y quienes pueden llegar a ser. La llamada autoestima es importantísima en estos momentos de cambios, ya que será vital para su desarrollo posterior, la negación por parte de los padres de la evolución que se está produciendo les provoca desazón y tristeza, luego veremos en el relato de casos, cómo se produce, a veces, este desencuentro entre generaciones que fomenta fuertes mecanismos de defensa que llegan a configurar determinadas patologías.
¿Cómo se observa todo esto en un púber? Basta con dejarle arreglar a su gusto su habitación. Hay un dicho popular que dice \\\\\\\»dime como vives y te diré quien eres\\\\\\\» (así como hay otro muy aplicable a la pubertad que dice \\\\\\\» dime con quien andas y te diré quien eres). Visitemos la habitación de un púber imaginario: en sus paredes conviven los afiches de Donald y sus amigos, junto a mujeres desnudas sacadas de alguna revista pornográfica; si se trata de una niña, posiblemente encontraremos a Donald y amigos otra vez, junto a caras de los guapos famosos del momento.
¿Qué ocurre? Los niños y niñas se resisten a despedirse de los atributos infantiles que les permiten relacionarse con sus padres como niños habitando un cuerpo desconocido, aún creen en cualquier muñeco Disney, pero también disfrutan de su incipiente sexualidad, se sienten un poco Donald[8], y otro poco mayores.
Se masturban con las imágenes propias de la pubertad, rodeados de imágenes de su infancia, y sin embargo mantienen una vida que aparentemente no es caótica, pero que sabemos que va a tener su influencia en la vida de cada uno de ellos. Decimos \\\\\\\»aparentemente\\\\\\\» ya que en realidad, al menos internamente, la cantidad de pérdidas y, por consiguiente, duelos que debe elaborar y soportar un púber, hacen que su vida mental aparezca verdaderamente como un caos, una situación en permanente cambio y no siempre fácil de tolerar.
Los púberes se enfrentan a varias pérdidas, pierden su cuerpo infantil, constantemente los cambios corporales les van recordando esta pérdida, con su cuerpo infantil se pierde el niño pequeño que hasta ahora era para papá y mamá, o sea que pierde a los padres de la infancia. Con el crecimiento pierden además la condición bisexual de su infancia, lo real del cuerpo y la puesta en marcha de sus deseos, los orientan hacia una elección sexual concreta.
Todas estas pérdidas que tiene que elaborar el púber tienen su otro costado en los propios padres, ellos también pierden al niño dependiente, al hijo infantil que los necesitaba y los idolatraba hasta hace muy poco; ahora deben tolerar sus ácidas críticas y sus cambios de humor; pierden en parte la autoridad que sobre sus hijos tenían y, sobretodo, comienzan a sentir el paso del tiempo sobre ellos, para el mundo de los púberes, en su propia jerga, los padres son \\\\\\\»los viejos\\\\\\\», y talvez lo más difícil de tolerar por los padres sea exactamente eso, su nuevo status de vejez.
Padres y púberes tienen entonces duelos importantes que procesar; pero ¿qué es elaborar un duelo? Llamamos a esto a todo un verdadero trabajo psíquico que cada sujeto debe realizar ante la aparición de un cambio y, por lo tanto, de una pérdida. El trabajo del duelo pasa por ir aceptando poco a poco la situación nueva y la pérdida que ésta ocasiona, muchas veces este trabajo de duelo queda entorpecido en su tramitación, y es entonces cuando podemos pensar que algo patológico aparece como respuesta a esta no-elaboración.
Caso por caso
Vamos a relatar algunos casos de púberes para poder comprender mejor la cantidad de situaciones que se ponen en juego en el momento de la pubertad. Estos casos pueden considerarse de algún modo como patológicos, son situaciones donde el púber sufre y la situación por la que atraviesa favorece la formación de síntomas, de todos modos debemos aclarar que esto es absolutamente frecuente en estas etapas de la vida.[9]
Marc.
Marc es un niño completamente alegre y autónomo en sus salidas, va al colegio solo desde que tiene siete años y ayuda mucho a sus padres haciendo pequeñas compras en el barrio.
A los 11 años y sin ningún motivo aparente Marc comienza a estar asustado, el miedo se apodera de él de tal manera que ya no puede ir sólo al colegio y necesita que lo acompañe alguno de sus padres, tampoco puede salir sólo a comprar y en pocos días no puede quedarse sólo en casa ni siquiera dos minutos, se angustia mucho y llora de miedo, sin poder explicarse lo que le ocurre, sólo pide a sus padres que por favor no lo dejen solo.
En la consulta del psicoterapeuta al que acuden para poder comprender que es lo que ocurre Marc comenta cuando comenzaron sus síntomas: -”Tuvimos que leer un libro para el cole, es una historia muy triste y me asusté, se trata de un niño africano que unos europeos adoptan para que pueda comer, en realidad aparece en el primer capítulo que la madre lo abandona porque no tiene para darle de comer y que el padre se murió, es entonces cuando vienen los de Europa y se lo llevan, pero de mayor el niño quiere ver a su mamá africana y no la encuentra, se murió o algo así, el está contento con sus padres adoptivos pero está muy triste por saber que no tiene a su mamá”.
Aparece claramente en el relato de Marc la idea de un papá que se muere y no está y una mamá que abandona y luego no puede recuperar más; es muy posible que se esté refiriendo a lo que a el mismo le está ocurriendo, pierde a sus padres de la infancia y esto le produce mucho temor, tanto que se identifica con el niño del cuento que perdió a sus padres definitivamente.
En otra sesión Marc dibuja a un niño que le están cortando el pelo, la tijera es más grande que toda la cabeza, de su propio dibujo dice: -”Le había crecido mucho el pelo, lo tenía muy desarreglado, así que va a la peluquería a que se lo corten y lo arreglen”. Tal vez aquí Marc nos esté hablando de otras cosas que crecieron mucho en él y que siente que lo desarreglan, su aspecto físico denuncia esta situación, un breve bigote asoma en su cara y al referirse a otros cambios se queja de los pelos que le salen en el pubis, ¿cortárselo o arreglarse con él? ; ¿es posible hacer una referencia al miedo a la castración que aparece tan claramente en Marc? [10]
El mismo es quien nos va a ampliar esta hipótesis y posibilitará el que se pueda hablar con él de estos temas, sin que queden disfrazados en cuentos africanos, ni en miedos de abandono. Marc es hijo único, la madre trabaja en unas oficinas, mientras el padre se dedica al transporte de mercancías, el trabajo del padre favoreció cierto temor en la madre, un temor que según ella comentaba con su hijo sin entender el alcance que estos comentarios tenían para él: -”Papá está tardando mucho…”, “¿y si le pasó algo en la autopista?”…
Marc relata que pocos días después de leer el maldito libro su madre le comentó que bajaba a comprar unas cosas, el se quedó observando como su madre entraba en el ascensor de modo que vio que también subía al ascensor un señor desconocido, entonces tuvo la necesidad de escuchar por el interfono si su madre y el señor desconocido se hablaban, Marc reconoce que entonces tuvo la siguiente fantasía: -”el señor era guapo y mamá lo es, pensé que podían hacer el amor en el ascensor porque nadie los veía, luego se citaban otra vez, necesitaba escuchar la nueva cita para que papá lo supiera, a lo mejor esto haría que papá y mamá se separen…”
Cuantas cosas podemos encontrar en este pequeño relato. Marc descubre con su incipiente sexualidad a una madre sexualmente atractiva, capaz de enamorar al desconocido del ascensor; pero también descubre para su asombro y desconcierto que dice “a lo mejor se separan”, lo que nos estaría hablando de sus sentimientos más ocultos, así como la mamá africana no tiene marido, así como él puede separarse de papá y mamá, la polisemia de sus intervenciones nos permite adentrarnos en la sobredeterminación de su síntoma fóbico, centrado en su pubertad, su cuerpo está cambiando, pero las fantasías que acompañan dicho cambio se vuelven insoportables para Marc; a partir de aquí ya no deja que le dejen solo, posiblemente como un modo inconsciente de controlar a sus padres para que no realicen en la realidad sus fantasías edípicas, papá fuera y mamá para mí, o para otros señores… El miedo se apodera de la vida cotidiana de Marc, pero al poder reflexionar sobre sus fantasías y sus temores Marc deja de tener miedo, también aparece un miedo asociado a la pubertad, no quiere jugar a ningún deporte para no pasar por la horrible experiencia de su desnudez en los vestuarios, la experiencia de los vestuarios con otros chicos nos remite a la comparación de su propio crecimiento con sus pares, pero el aparece siempre como desvalido, pequeño, deforme, incapaz…
Este problema no es exclusivo de Marc, casi todos los púberes varones, angustiados por el crecimiento de su cuerpo, colocan en la imagen de su pene la constatación o no, de que este crecimiento se está dando. La posibilidad de ver los genitales de otros hombres, ya sean pares o adultos, los remite instantáneamente a la preocupación por sus propios genitales, casi siempre vistos como pequeños, inútiles o desvalidos.
Posiblemente sinónimos de no poder competir con el padre ni con el señor del ascensor, pero en la medida que su terapia le permite reflexionar sobre sus fantasmas, Marc reinicia sus competiciones deportivas y alcanza cierto éxito en un deporte, los padres, posiblemente asustados por otra posición de su hijo frente a la pubertad, comienzan a intentar prohibirle sus salidas con el equipo deportivo, aparece entonces la necesidad de estos padres de preferir un Marc miedoso a un Marc capaz de asumir su independencia, el problema deja de ser de Marc, los padres tendrán que enfrentarse a sus propios fantasmas puberales y permitir que su hijo viva su propio crecimiento sin miedo alguno.
Sandra
Cuando Sandra tuvo su primera regla se asustó mucho, la madre le había anunciado que aquello sucedería en cualquier momento, pero cuando en sus bragas descubrió sangre estaba sola: \\\\\\\»completamente sola\\\\\\\»; se dirigió al supermercado más próximo y le contó a la cajera lo que le había ocurrido, la cajera, asombrada o no, le vendió una caja de compresas y unas cuantas anécdotas sobre la regla: –\\\\\\\» ya verás cuanto duele\\\\\\\», \\\\\\\»Uy que horror!!!\\\\\\\», y otras cuantas sugestiones que Sandra necesitaba para llamar la atención de sus padres…\\\\\\\»Ellos no dijeron nada sobre la regla, me felicitaron y ya está, mamá ni siquiera se preocupó si tenía compresas.\\\\\\\»
El tema de la primera regla es uno de los más importantes para toda niña púber, es tan importante que merecería un capítulo aparte, conjuntamente con las primeras poluciones de los niños. Decimos que es importante porque enfrentarse a la regla no es nada fácil para muchas niñas y parece ser menos fácil para muchas madres, esto es históricamente así, muchas madres de adolescentes relatan como ellas \\\\\\\»se las tuvieron que apañar solas\\\\\\\», su discurso queda respaldado y racionalizado debido a una época anterior en la que los temas del cuerpo y del sexo eran verdaderos temas tabú. Actualmente ciertos temas parecen estar superados y aparentemente se tendría que hablar más y mejor de ciertas cosas, pero la repetición de historias provenientes del pasado parece ser más fuerte que la supuesta libertad de diálogo sobre el tema.
Para este tema, como para muchos otros, los padres se amparan con cierta tranquilidad en los colegios, se enteran por sus hijos/as que hay clases de educación sexual desde que los grupos clase tienen entre 11 y 12 años, además las llaman así: educación sexual; como si lo sexual pudiera ser enseñado igual que los ríos de Europa, si profundizamos mínimamente en estos temas descubriremos que la así llamada educación sexual no es más que un compendio de anatomía de los aparatos genitales acompañada de una breve y medicalizada explicación de las funciones y disfunciones de los mismos, en algunos textos la información se amplía con una serie de instructivas fotografías de los diferentes métodos de anticoncepción, de este modo lo sexual pasa a ser una sub-asignatura de biología alejándose de la sexualidad humana lo máximo posible. Ahora bien, las niñas reciben y estudian una extensa información sobre que es la regla en términos fisiológicos, pero todo lo que acompaña a las reglas, sus componentes más psíquicos, eso está ausente; es entonces cuando se espera que el diálogo con los padres pueda iniciarse y profundizar sobre el tema; Sandra es un ejemplo más sobre muchos que podríamos citar, ella acaba hablando con la cajera del supermercado, la mayoría de las púberes en la actualidad conversan muy poco del tema con sus padres, en estos casos el grupo de amigas vuelve a ocupar un lugar fundamental como espacio de comprensión y de contención de determinadas angustias. Luego será fácil preguntarse porque estas púberes sienten terribles y dolorosísimas reglas cuando no hay una explicación médica suficiente que nos informe que esto es así, a lo mejor necesitan poner un acento a su manera, allí donde el diálogo con los mayores quedó truncado.
Poco después Sandra tuvo un novio, un novio con todas las características de un novio puberal, era rechazado por los padres y gozaba de la misma música que sus padres aborrecían.
Pero este no era el problema de nuestra pequeña Sandra, además de su novio/par, no tenía amigas, ni amigos en el colegio, más bien daba la imagen de \\\\\\\»pasar de todo\\\\\\\» y estar superada de todas las niñerías que hacían sus compañeros/as…
Sus padres eran el espectro de una pareja que había existido unos diez años antes, en el momento de la eclosión puberal de su hija estaban más preocupados por ellos que por su hija, no sólo hasta el punto que tuviera que buscar sus compresas sola en el supermercado, sino hasta el punto que su madre no toleraba que usase su ropa para irse a una fiesta.
Al igual que cualquier púber, criticaba a su madre por su talla y su gusto en el vestir, pero su mamá escuchaba esas críticas como una separación con su hija y, por lo tanto, una agresión hacia su persona y no como una crisis puberal; esto produjo tantos roces que no permitían que ambas tuvieran una relación coherente, especial y específica para la edad de cada una. Su madre se transformó en una púber en la medida que su hija crecía, hablaba mal de su grupo de amigos y amigas y criticaba cada uno de los chavales que pretendían a su hija, cualquier cosa que ella hiciera era objeto de crítica de una madre que no toleraba su envejecimiento, y por lo tanto el crecimiento de su hija.
Además, como una púber bastante típica, Sandra odiaba su crecimiento, lo negaba y lo intentaba tapar a cualquier precio: se compraba camisas o camisetas de tallas bastante más grandes, o usaba enormes jerseys aún cuando hacía calor: –\\\\\\\»No aguanto mis tetas, no quiero ni que se noten, no quiero verlas ni que me las vean, por eso quiero usar ropa grande. Mamá insiste en querer comprarme sujetadores, pero eso son cosas de viejas y no de una niña de mi edad, mamá me dice que se me van a caer las tetas si no uso sujetador y yo le contesto que muy bien, que eso es lo que quiero, que se caigan y me dejen en paz…\\\\\\\»
Finalmente se pudieron tratar estos y otros temas en sus entrevistas y Sandra pudo tener un desarrollo más adecuado a su edad y a sus deseos de separación de su propia familia.
Roberto
Este chico de doce años estaba muy deprimido, no hacia nada que le gustara, comenzó a fracasar en el colegio, decía no entender nada de lo que explicaban sus profesores y menos entendía de los textos que le daban para estudiar; sus hermanos mayores intentaron ayudarlo y estimularlo, tanto en los estudios como en los momentos de ocio, igualmente nada le hacía gracia, prefería quedarse tirado en su cama en lugar de salir o hacer otra cosa. En esos momentos de soledad y aislamiento pensaba cuánto le gustaba antes su colección de soldaditos de plomo, allí los tenía, todos sobre el mueble de su habitación, los miraba con el cariño del recuerdo, pero tampoco se enrollaba con ellos, de tanto en tanto les dedicaba unos minutos para limpiarlos, pero luego los volvía a dejar en su sitio. Se sentía un poco como los soldados de colección, estático y atrapado en el tiempo, un tiempo que se le hacía largo y difícil de soportar.
Sus padres, angustiados ante su actitud, lo llevaron al médico y éste los orientó al psicoterapeuta; con sus tres hijos anteriores esto no había sucedido, descubrieron que cada uno de sus hijos había atravesado su crisis puberal de manera diferente, el excesivo dormir de Roberto y su eterna mirada de tristeza, comenzó a preocuparles.
Roberto comenzó a hablar de su malestar ni bien pudo tener un lugar donde ser escuchado y no juzgado, primero contó la rabia que le daba cuando al contestar el teléfono cualquier interlocutor lo confundiera con alguna de las mujeres de su familia, esta preocupación nos llevó a poder hablar de todos los cambios puberales, la rabia por no haber cambiado la voz y no tener voz de hombre lo llevó a poder hablar sobre otros atributos masculinos que envidiaba terriblemente de sus hermanos mayores.
\\\\\\\»Cada mañana ellos se pasan horas en el lavabo, es porque se tienen que estar un montón de tiempo afeitándose y mirándose al espejo; yo odio mirarme en el espejo, estoy horrible, esta pelusa que me sale no es un bigote ni es nada, parece sucio, como si me hubiera lavado mal la cara, después estoy lleno de granos y mis hermanos se meten conmigo y me llaman granuja o cosas así. Después están los chicos de la clase, no hacen más que meterse conmigo, no aguanto sus bromas…\\\\\\\». Esta intolerancia a las bromas de hermanos y pares nos
está hablando de lo intolerable de sus cambios, odia el espejo porque éste le devuelve la realidad de un cambio permanente, los modelos que tiene en casa le llevan a pensar más en una adolescencia ya asumida y consolidada que a disfrutar de los cambios que él va teniendo, donde Roberto ve una pelusa horrible y sucia, otros púberes ven un hermoso e incipiente bigote; prefiere quedarse horas mirando los soldaditos de plomo que representan lo propio de su infancia, aquello que adoraba y coleccionaba, el desinvestimiento de todo lo del presente se puede entender como un rechazo absoluto hacia todo lo puberal, el hecho de ser el hijo menor de la casa profundiza aún más su rechazo al crecimiento; padres y hermanos recapacitaron sobre sus posturas ante el menor de la casa y pudieron reconocer como con sus actitudes y tratos lo mantenían colocado del lado del pequeño que tampoco querían perder.
Se trata una vez más de una respuesta bastante corriente como negación ante los cambios que significa la pubertad, su lugar de ser siempre el excluido le revivió momentos de su infancia donde este sentimiento de exclusión había aparecido de manera más poderosa y lo había aislado a su manera, estático e impasible como un soldado de plomo.
Ester
Cuando Ester cumplió once años su cuerpo empezó a cambiar, y con su cuerpo ella misma. No tardó mucho tiempo en quejarse de terribles dolores por todas partes. Primero comenzó con su barriga, los dolores le impedían comer y la llevaban a un estado de queja permanente. Sus padres, preocupados, la llevaron al pediatra, quien a su vez recomendó una visita al gatroenterólogo, este especialista solicitó todo tipo de pruebas para descartar cualquier patología, así que desde muy joven Ester supo lo que eran las lavativas, las ecografías y las endoscopias; después de analizar todas las pruebas médicas los especialistas llegaron a la conclusión de que no tenía ninguna alteración y optaron por recomendarle una dieta sana y equilibrada; poco tiempo después Ester cayó gravemente enferma de los bronquios, fiebres muy altas y una tos persistente llevaron a la niña y familia a la consulta del neumólogo, éste curó con antibióticos la posible neumonía de la niña, pero no olvidó derivarla a un alergólogo para descartar el factor alergénico; superadas todas las pruebas del alergista, consistentes en varios pinchazos diarios, Ester supo que era alérgica al polen y las frambuesas, pero su tos persistente le permitió no asistir a las clases de gimnasia del colegio, además de hacerse adicta a un jarabe expectorante que, de paso, le daba un poco de sueño. El sueño comenzó a ser cada vez más profundo y sus despertares muy costosos, al despertar comenzó a sentir terribles dolores de cabeza que no tardó en llamarlos migrañas, ahora tocaba la consulta con el neurólogo, quien después de un scanner y otras pruebas, decidió aconsejarle a los padres la consulta con un psicoanalista. Para entonces tenía ya 13 años y medio y una historia clínica de varias páginas.
No son muchos los comentarios para hacer de este caso, talvez remarcar como, a veces, el cuerpo médico se coloca al servicio de las enfermedades imaginarias de los pacientes, reforzando en ese acto iatrogénico, una cantidad de beneficios secundarios [11] que el paciente recibe como recompensa. La pubertad de Ester pasó entre enfermedades, lo que para ella era traducido como papá y mamá preocupados por su cuerpo débil y enfermo que la atendían como una enferma crónica y se ponían a disposición de sus caprichos y necesidades. Obviamente, la actitud de rechazo frente a su propia pubertad se transformó en esta niña en una serie de somatizaciones que tenían a toda la familia preocupada por ese cuerpo. Pero se trataba siempre de un cuerpo a cuidar y sanar, nunca un cuerpo que cambia y se transforma, los padres encontraban también en ese cuerpo débil y en el discurso médico la respuesta que esperaban para no ver el cuerpo púber de su hija, así Ester siguió siendo cuidada como una pequeña hasta que el neurólogo actuó de otra manera.
El tratamiento psicoterapeútico le permitió a esta púber hablar de todos sus cambios y su postura ante los mismos, su miedo a crecer y separarse de los padres y su miedo a compartir con sus pares sus alegrías y sufrimientos; sus migrañas, toses y dolores estomacales desaparecieron para dejar paso a un cuerpo en el cual ya le era posible vivir.
Sandra, Ester, Marc y Roberto no son más que nombres supuestos de chicos que atravesaron su pubertad de una u otra manera. Podríamos seguir con una lista interminable, tan larga como púberes haya en estos momentos, elegimos estos casos como demostrativos de la pubertad, pero insistimos que hemos hecho esta elección para mostrar algunos aspectos que devienen patológicos en esta edad de tránsito. Nos dejamos a los púberes que no producen en su paso por esta crisis ningún síntoma peligroso o llamativo, tenemos sus ejemplos en la vida cotidiana y dialogando con ellos, con todos los púberes, abriendo un espacio de escucha especial para ellos donde tengan cabida todos sus fantasmas y todas sus ilusiones y desilusiones aprenderemos mucho más no sólo sobre ellos y sus historias, sino sobre cada uno de nosotros y nuestro paso por la vida.
ADOLESCENCIA
Los límites que separan la pubertad de la adolescencia son muy difíciles de determinar; en cierto modo los problemas de los adolescentes se diferencian de los de los púberes en una cuestión de cantidad, en la medida que el sujeto va creciendo se encuentra cada vez más alejado de los padres y de los objetos o figuras que hasta el momento le han proporcionado seguridad y estabilidad; su cuerpo continúa cambiando, creciendo, acentuando los caracteres sexuales secundarios, a los que ahora el muchacho y la muchacha deben adaptarse, siguiendo el camino que los llevará a asumir su rol de adultos. [12]
Para precisar un poco más estos difíciles límites entre una etapa y otra, podríamos decir, de acuerdo con varios autores, que la adolescencia es el período de tiempo que cada sujeto se toma para curarse de los cambios y crisis que la pubertad despertó e inauguró; este proceso de curación, configura en sí mismo una verdadera crisis, llena de inestabilidades y confusiones, pero también un momento extremadamente vital en el cual se asentarán las bases de lo que luego será un adulto, desde las primeras experiencias amorosas, las grandes amistades, las nuevas sensaciones corporales y las primeras e intensas decepciones, todo esto configura esta extraordinaria etapa de la vida que denominamos adolescencia.
Recordemos el imaginario cuarto del púber que describimos anteriormente, el adolescente poco a poco irá desplazando los afiches de Donald y sus amigos, cambiándolos según sus gustos y aficiones, por los de su equipo de algún deporte preferido, o los cantantes del grupo de música que le emociona, los recuerdos de sus viajes o excursiones, las fotos reales de amigos o amigas en alguna ocasión fantástica, alguna reproducción abstracta puede ahora ocupar el lugar que antes tenían los desnudos, seguramente el adolescente los ha desplazado hacia un cajón o lugar secreto donde acumula escenas o figuras que recrean sus momentos más solitarios, todo esto mezclado con un cierto aire de hiper-realismo en el ambiente, caracterizado por un montón de ropa acumulada en varios rincones, y un montón de carpetas y papeles dispersados por alguna parte, siguiendo un desorden que sólo el propietario del lugar es capaz de tolerar y disfrutar.
Esta habitación imaginaria, que representa de alguna manera el mundo interno de muchísimos adolescentes, ha sido y suponemos que seguirá siendo, un motivo más que suficiente para generar verdaderas batallas entre padres e hijos. Mientras los padres no pueden tolerar el caos que ven, los hijos reclaman el derecho a un espacio independiente y personal, las peleas surgen cuando mamá aprovecha una salida del hijo/a para imponer su propio orden y limpieza en el lugar, el adolescente se siente literalmente violado en su intimidad y despojado de los mínimos derechos conseguidos frente al enemigo… Inútiles son entonces explicaciones que tiendan a una lógica compartida tales como la importancia de la limpieza, los olores o el significado del orden, en otros casos, ciertos pactos permiten una convivencia menos violenta, se pacta para que el adolescente se haga responsable de sus dominios y territorios, pero la curiosidad de algunos padres es más fuerte que los pactos y la ausencia del joven igualmente se aprovecha para intentar encontrar algo que explique más sobre el hijo. -\\\\\\\»Lo revisé todo, de arriba abajo, y no encontré nada interesante\\\\\\\», comenta una madre ansiosa y preocupada por no entenderse con su hija; \\\\\\\»-¿Qué esperaba encontrar?\\\\\\\»; -\\\\\\\»No sé, cartas secretas o algo que me explique más sobre ella, porqué ella no me habla?\\\\\\\»; la hija aún enfadada por la intromisión de la madre comenta: –\\\\\\\»Para que le voy a decir nada si igual no me cree…\\\\\\\» La escena continúa, para muchos se trata de una escena varias veces repetida, en este caso, como en otros tantos, lo que realmente buscaba la madre en la \\\\\\\»guarida\\\\\\\» de su hija era la constatación de que su hija mantenía relaciones sexuales con su novio, la hija comenta después, a solas, –\\\\\\\»Jamás dejaría los condones en casa, mamá es una entrometida…\\\\\\\»
El desorden del tiempo y del espacio.
Tiempo y espacio son dos categorías que todos tenemos adquiridas conscientemente y que resultan absolutamente necesarias para movernos por el mundo, lo interesante de estas categorías es lo que les cuesta a los niños adquirirlas, hacerlas suyas, moverse autónomamente por el tiempo y el espacio. Como muestra de estas dificultades escuchemos lo que dicen los niños antes de los cinco años: siempre que se refieren a una situación del pasado dicen \\\\\\\»ayer\\\\\\\» y siempre que se refieren al futuro dicen \\\\\\\»mañana\\\\\\\».
Lo que queremos destacar aquí, es que con todas las dificultades que estas categorías tienen en la vida de todos, entender cómo se trastocan en el mundo adolescente, talvez como respuesta frente al mundo adulto, talvez como demostración de los procesos regresivos que se ponen en funcionamiento, lo cierto es que estas categorías entran en una especie de caos que interfiere la comunicación con el mundo adulto y muchas veces la comunicación entre los adolescentes entre sí.
\\\\\\\»No tengo tiempo!!\\\\\\\»; esta es una exclamación típica que podemos escuchar cientos de veces entre los adolescentes, no tengo tiempo para estudiar, no tengo tiempo para hablarle a fulano, no tengo tiempo para comprar ropa, para vestirme, para comer, para desayunar, para salir… Parecería como si el tiempo pasara a ser una categoría imposible de ser domada por los jóvenes; algunas escenas de la vida cotidiana nos demuestran estos inconvenientes con el tiempo: como entender sino la cantidad de tiempo que un adolescente se pasa frente al espejo arreglándose, mientras se lamenta desesperadamente que no llegará a la cita prevista por falta de tiempo; de pronto el tiempo no existe para arreglarse y de pronto existe como límite de la realidad que anuncia el llegar o no llegar puntual a alguna cita, el tiempo de las conversaciones telefónicas parece distenderse en sí mismo, provocando la ira de padres que argumentan en vano caras cuentas de telefónica o una llamada en espera que nunca llega, es absolutamente común encontrarse con un adolescente que acaba de despedirse de su íntimo amigo en la esquina, y que a los cinco minutos recibe la llamada del mismo para seguir charlando: -\\\\\\\»es que no tuvimos tiempo para hablar de tal cosa…·\\\\\\\» Se trata de un tiempo que merecería ser eterno a veces y a veces ínfimo, un tiempo que se desentiende de la realidad de los relojes o de las imposiciones paternas, cómo explicar sino el tiempo de levantarse, de dejar de dormir, de despegarse de la cama, frente al tiempo de ducharse, de peinarse, de preparar una comida… Todos estos temas llevan en sí una discordia respecto al tiempo; tomemos otro ejemplo: el tiempo del tiempo libre, de salir, del ocio, escuchemos a Linda: -\\\\\\\»hasta las tres de la mañana no hay nadie en la disco, así que me voy a casa de mi amiga que no están sus padres y allí nos preparamos para salir, primero vamos a X, a eso de las tres y media así no somos las primeras, luego a eso de las cinco nos pasamos a Z, y si la noche termina bien a las siete volvemos a casa…\\\\\\\» El discurso de Linda es similar al de Tomás, Javier, Susana o Estela; el tiempo de la noche se estira para el consumo y satisfacción de los adolescentes y se les hace muy corto durante el día, o para satisfacer otras necesidades.
En sus lugares de encuentro el tiempo \\\\\\\»pasa volando\\\\\\\», \\\\\\\»no alcanza\\\\\\\», allí se encuentran en un espacio sin noción del tiempo o del cansancio, se sienten como tripulantes de una nave que escapa de las realidades del mundo, navegan por un tiempo propio sólo compartido por sus pares, un tiempo al que cuesta ponerle un límite, un final, muchas veces impuesto desde fuera y nunca de común acuerdo. Las discusiones sobre la hora de llegada son ya un clásico en la dramaturgia familiar, es como si los padres no se dieran por vencidos en una batalla contra el tiempo y que los hijos adolescentes se afirman por perpetuar tanto como su tiempo de ocio… Las negociaciones respecto a la hora de llegada se transforman en cuestiones de estado, la armonía familiar parece quebrarse por unas horas de más o de menos: –\\\\\\\»vuelve a las tres\\\\\\\», -\\\\\\\»pero papá si la fiesta comienza a las tres!\\\\\\\», \\\\\\\»entonces a las tres y media\\\\\\\», \\\\\\\» no llegaré a las seis\\\\\\\», \\\\\\\»jamás, te esperamos a las cinco como mucho!\\\\\\\», \\\\\\\»vendré a las cinco y media\\\\\\\», \\\\\\\»de acuerdo, pero ni un minuto más, ni un minuto menos\\\\\\\»…
La cuestión del espacio es similar, lo vimos cuando hablamos del espacio propio del adolescente, su habitación, pero la discordancia con un espacio más acorde con la realidad sigue siendo difícil; así como el niño antes de los seis años es incapaz de distinguir distancias cortas y largas; el adolescente cae en la misma indiferencia, igual le parece un viaje a Moscú que a Madrid, las distancias, tan cercanas al tiempo que se dilata o se acorta, sufren la misma desproporción que el tiempo: -\\\\\\\» Me voy al festival de W este fin de semana\\\\\\\», -\\\\\\\»pero W está muy lejos\\\\\\\», \\\\\\\»no es cierto, sólo son 10 horas en coche\\\\\\\»…
Tiempo y espacio parecen categorías que el adolescente intenta controlar a su antojo; no en vano se trata de categorías que están íntimamente ligadas a su experiencia personal, su cuerpo ha cambiado por el paso del tiempo, el niño que ha sido dejó lugar a otro cuerpo, a otras formas, a otras sensaciones que son novedosas. Su relación con el espacio varía igual que el tiempo, su tiempo y su espacio esperan encontrar una estabilidad aún lejana, una estabilidad muchas veces impuesta artificialmente por la realidad pero que no acaba de ser aprehendida por los adolescentes, se sigue viviendo como impuesta y ajena a su realidad personal, muchas veces, no respetar esta acomodación personal al tiempo y el espacio genera o da lugar a malentendidos que se manifiestan en forma de verdaderos síntomas que comprometen tanto al adolescente como a su familia.
¿Estudias o trabajas?
Absolutamente ligado al tema del tiempo y del espacio, aparece el tema del estudio y del trabajo, o del estudio como trabajo, o bien del estudio para después entrar en el mundo del trabajo, o a la inversa el trabajo de cualquier cosa para no seguir estudiando. Todo esto no es un juego de palabras, sino un verdadero dilema que se le presenta, de un modo u otro, a todos los adolescentes. Y no sólo a los adolescentes, sino a los educadores que van a intentar que los jóvenes se entusiasmen con los estudios y que puedan entender que su paso por el instituto no es una pérdida de tiempo o el ocupar un espacio. No nos vamos a detener aquí en cuestiones que hacen a la pedagogía ni a la problemática del adolescente como estudiante (para ello contamos con los excelentes artículos de I.Gomez y de I.Orenzans), es necesario sin embargo puntualizar algunos aspectos que influyen poderosamente en esta etapa de la vida y que incluso pueden tener repercusiones durante toda la vida…
Vamos a tocar algunos de estos puntos escuchando a los mismos adolescentes.
Paco comenta: -\\\\\\\»a ver si a partir de ahora con la reforma cambia algo, yo tuve que elegir a los 14 años entre ciencias o letras, me había ido bien en castellano y fatal en mates, ¿qué iba a elegir entonces?, pero yo quería hacer algo con el espacio, no sé, astronauta decía de pequeño que quería ser, pero algo de eso me quedó porque me hubiera gustado diseñar naves o aviones y papá me decía que de eso no iba a conseguir trabajo nunca que estuviera menos en el espacio y más en la tierra; así que cuando me cargaron en mates y elegí letras papá se puso contento, pero después me dijo que yo elegía letras de gandul que tampoco iba a conseguir un buen trabajo haciendo letras, pero yo no sabía que elegir, el tutor me propuso letras mixtas pero para mí ya no servía nada, lo único que quería hacer era terminar el insti cuanto antes, ahora no puedo estudiar y estoy a punto de repetir tercero…\\\\\\\».
Sin adentrarnos en la problemática personal de Paco, sus problemas con el padre y sus problemas de identidad, podemos preguntarnos ante este trozo de su discurso: ¿puede un adolescente, con toda su crisis personal, elegir a los 14 o 15 años la carrera que luego podrá realizar a partir de los 18 o 19 años? Lo cierto es que con este sistema se le está demandando a los jóvenes, como mínimo, una cierta constancia, cuando ellos viven en un mundo rodeado de cambios de los que no se pueden abstraer: -\\\\\\\»no sólo nos obligan a estudiar, también nos obligan a elegir lo que queremos estudiar cuando seamos mayores…\\\\\\\».
Pocos años más tarde aparece el problema de la selectividad, seleccionar mediante un examen único y bastante complejo y completo, el cupo de alumnos que puede asumir cada facultad.
El problema no es sólo el examen en sí, generalmente los chicos y chicas llegan atemorizados a dicha prueba, los profesores del instituto, junto con las exigencias familiares y la presión de la \\\\\\\»única oportunidad\\\\\\\», logran que este temor sea de grado máximo, a los alumnos del actual COU se les habla de la selectividad desde el primer día de curso, mientras que los alumnos del actual BUP saben desde el primer año que sus notas promediarán con la nota de selectividad; pero luego vendrá el intentar que la nota finalmente obtenida \\\\\\\»encaje\\\\\\\» o se aproxime con los deseos propios de cada uno respecto a las carreras universitarias a seguir, así se consigue el que aprobar la selectividad no siempre signifique que se pueda entrar a la carrera que el alumno desea, entonces el alumno debe rellenar una lista de opciones universitarias que da lugar a situaciones tales como desear estudiar física cuántica y estar cursando el primer curso de filología inglesa, situaciones que van a colaborar en ese mundo de confusiones de ideales y perspectivas de futuro tan característicos de la adolescencia.
Eso sin contar con otro ángulo de análisis que es el sociológico del que aportamos solamente la continuidad de este juego de desconexiones entre deseos e ideales: en la sociedad actual, ni el alumno de física cuántica, ni el de filología inglesa tiene asegurada la entrada al mundo laboral en su propio campo de interés; mientras aproximadamente un 25% de los futuros adultos trabajarán en aquello que verdaderamente desean, otro 25% trabajará en algo totalmente diferente de aquello en lo que se ha formado y otro lamentable 25% no trabajará nunca, al menos de forma duradera.
Contando con esas perspectivas, la crisis adolescente se hace aún más crítica, si el adolescente teme el paso del tiempo porque significa su entrada al mundo adulto, el mundo adulto que las sociedades actuales le prometen suele ser bastante descorazonador y muy alejado de los ideales que a lo largo de su pubertad y adolescencia pudo ir construyendo. Desde esta perspectiva no nos extrañan los discursos adolescentes que se proyectan en el futuro con ideas sentidas como descabelladas por los adultos, proyectos que necesitan construir para salirse de una perspectiva tan pesimista como real.
Pero volvamos al tema de los estudios, en el medio de esa crisis adolescente, donde todos los valores se ponen en duda y los cambios corporales hacen que el cuerpo y sus posibilidades de satisfacción ocupen un espacio considerable, el tiempo donde las relaciones de amistad y compañerismo adquieren dimensiones hasta ahora desconocidas, entre todo ese tumulto de pasiones y desilusiones, los adolescentes estudian, muchos consideran que lo hacen porque es algo obligatorio, pero la realidad es que el interés por el estudio, también ocupa un lugar destacado en el mundo adolescente. Por un lado los estudios cumplen con cierta continuidad del mundo infantil, no olvidemos que primero la guardería y después la escuela primaria, son los primeros espacios ajenos al entorno familiar donde el niño pasa mucho tiempo y aprende muchas cosas que tienen que ver con su medio y que no podrían adquirir si se encierran en casa; por otro lado la salida hacia lo extra-familiar, lo ajeno, los territorios desconocidos que implica el proceso adolescente refuerza más el anhelo de saber más sobre el mundo de afuera, sobre el funcionamiento de lo externo, sobre las ideas de los otros; es justamente durante la adolescencia donde se llega a descubrir la pasión por la lectura de novelas que enseñan al lector otros mundos, otras historias, otros dramas, pasión que en esta época se extiende al cine, al teatro, a toda producción cultural que le ayude a colocarse en la piel de otro para entender su propia piel, en los corazones de otros para entender sus propios sentimientos. Podemos pensar que el estudiar va a ocupar este lugar destacado donde muchas dudas intentan descubrir sus respuestas y donde muchas otras dudas o deseos van a encontrar su perfecto escondite para realizarse en un contexto aceptado y compartido por los demás. Cuando el estudiar no puede ocupar este espacio casi lúdico de relacionarse con la realidad externa e interna, es cuando nos encontramos con los verdaderos problemas con los estudios, éstos se transforman en una tediosa obligación que se tramita con muchas dificultades y muy pocos resultados, entrando en una espiral de desencuentros entre el saber y el deseo de saber. Entre el estudiar y el trabajar no sólo existe esa unión que pasa por estudiar aquello en lo que se desea trabajar, también tenemos en cuenta esta otra componente que tiene que ver con el deseo y la satisfacción; si el tránsito por la adolescencia pudo investir los estudios de manera satisfactoria cabe esperar que llegada la entrada al mundo adulto y al mercado laboral, el trabajar resulte gratificante para ese adulto y no una carga pesada que el adulto no sabe cómo arrastrar durante toda su vida.
Una especie de prólogo hacia el trabajo es buscado por muchos adolescentes como la primera acción real para separarse de los padres; obteniendo cualquier trabajo que le permita tener un dinero que le es propio, el adolescente se siente con mayor autonomía para sus salidas y sus gastos personales, el momento de la independencia del territorio familiar no es entonces una mera construcción imaginaria, comienza a vislumbrarse como una posibilidad real en el horizonte.
Así como hemos visto que los padres púberes arremeten con ilógica rabia contra las primeras amistades fieles, algo similar podemos encontrar en algunos padres adolescentes, respecto a estos primeros trabajos, posiblemente descontentos por la proximidad de la salida del hogar del hijo que va creciendo, las críticas hacia estos trabajos temporales suele ser terrible. -\\\\\\\»Conseguí un trabajo para vender helados durante el verano!\\\\\\\», comenta alegremente un adolescente de 17 años a sus padres, ellos atónitos, intentan disuadirlo: -\\\\\\\»no tendrás tiempo para salir, te han quedado asignaturas pendientes y debes estudiar y, además, no permitiré que algún conocido mío se encuentre contigo como un vendedor de helados cualquiera! \\\\\\\». Desde la venta de helados o cualquier otro producto, hasta los canguros u otras ocupaciones adolescentes, son pocos los padres que toleran este \\\\\\\»ataque\\\\\\\» de independencia de sus hijos; en muchos casos, estos mismos padres son los que años más tarde se quejarán de la permanente permanencia de su hijo en el domicilio familiar. Nos encontramos con los \\\\\\\»adolescentes\\\\\\\» de más de treinta años instalados en la comodidad de la dependencia familiar, frente a tal problemática, la pregunta que surge es: ¿quién es el culpable?
Es este otro tema que necesitaría aportaciones multidisciplinarias, la sociología da una serie de explicaciones socio-económicas que explican en parte este fenómeno de la adolescencia tardía, desde el discurso socio-económico, las dificultades para conseguir y mantener un puesto de trabajo, unidas a la carestía de la vivienda, prolonga la estancia de los hijos en el domicilio familiar. Desde la psicología, se hace evidente que esta problemática social y económica viene a reforzar una actitud cómoda para todos los miembros de la familia, pero que enmascara una situación patológica de extrema dependencia de los hijos con los padres y de éstos con sus hijos, creando circuitos de dependencia que permiten que personas que por su edad cronológica deberíamos considerar adultas, mantengan con la vida una importante cantidad de conductas de tipo adolescente.
El juego de los espejos
Otro tema importante que debemos mencionar respecto a la adolescencia es el tema de la imagen. Se trata de un problema que comienza en la pubertad y adquiere su mayor auge en la adolescencia, dijimos ya cómo el púber se enfrentaba a los cambios corporales favorecidos por los cambios hormonales con cierto estupor, vergüenza y verdaderos sentimientos de pérdida respecto a su cuerpo infantil, en la adolescencia estos cambios siguen produciéndose, acentuándose, los rasgos masculinos y femeninos quedan más marcados, los adolescentes comienzan a aceptar su cuerpo si todo va bien y a rechazarlo abiertamente si algo va realmente mal con su propia imagen.
Es en esta época que los adolescentes se relacionan una gran cantidad de tiempo con los espejos. Estas superficies reflejantes, recordemos que en el mito de Narciso, éste se queda apasionado con su propia imagen reflejada en un lago, tienen el poder de un imán, frente a ellas, al igual que Narciso, pueden permanecer largas horas, ya sea peinándose y probando distintos tipos de peinados, afeitándose, mirando y estudiando minuciosamente algún grano, espinilla o irregularidad del cutis, observando los distintos pelos de distintas partes del cuerpo, o los pechos, si crecieron, si están demasiado grandes o demasiado pequeños, o la musculatura que muchos comienzan a cuidar obsesivamente, o la figura, si se está demasiado obeso/a, o demasiado delgado/a
(El tema del cuidado de la figura, o su excesivo descuido, debería formar un capítulo aparte, debido a la importancia que estas patologías están adquiriendo en nuestra sociedad actual. La anorexia y la bulimia son dos enfermedades de claro contenido psicológico que estamos viendo cada día con mayor frecuencia. El cuidado por el cuerpo adquiere en estos casos características muy patológicas, la auto-imágen del cuerpo está totalmente deteriorada en la anorexia, las jóvenes que la padecen se encuentran siempre \\\\\\\»gordas\\\\\\\», aunque les insistamos en su delgadez, siempre tendrán argumentos para encontrarse infelices con su propio cuerpo. Debemos hacer mención en este punto sobre la nefasta influencia de la publicidad y sus \\\\\\\»modelos\\\\\\\» en los ideales de los/las adolescentes. Ser o estar tan delgada como la/s modelo/s de moda es una ambición de muchas chicas.[13] Pero no solamente se trata de los modelos a seguir y los modos como cada uno los sigue, en estas enfermedades encontramos la reactivación de antiguos conflictos que merecen ser revisados y tratados.) .
Los espejos siempre han tenido un papel importante en los cuentos, que es como hablar de mitos universales que trascienden generación tras generación, desde el mito de Narciso, del cual hay varias versiones pero que todas confluyen en la misma idea: un joven extremadamente hermoso hace caso omiso del amor que le pretenden hombres y mujeres, hasta que descubre su propia imagen reflejada en un lago, imagen de la que se enamora perdidamente, dejándose morir por esa pasión tan grande; pasando por otra joven, Alicia, que necesita recorrer un mundo nuevo y diferente del de su casa y su familia y que consigue recorrer ese mundo, que está del otro lado del espejo, descubriendo así los inconvenientes y las aventuras de un lugar maravilloso y estrictamente personal y privado; hasta el espejo que le advierte a la madrastra de Blancanieves que ésta ya llegó a la adolescencia y que, por lo tanto, le arrebató su lugar de la más hermosa del reino.
La relación con los espejos no es más que una metáfora, que nos habla de la cantidad de tiempo que los adolescentes, igual que Narciso, se pasan a solas consigo mismos, como si necesitaran una mayor reclusión en su mundo interno, a veces absortos ante la nada: -\\\\\\\»este chico está en la luna de Valencia todo el día\\\\\\\», muchas veces recluidos en sus camas, arropados por sus propios sueños: –\\\\\\\»mi hija no hace otra cosa que dormir\\\\\\\», otras veces encerrados en sus cuartos, talvez pensando, talvez matando el tiempo.
Esta relación tan intensa con ellos mismos, no acaba en las horas ganadas frente al espejo o ante la nada, la cuestión de la imagen también se traduce en una imagen que quieren dar a los demás, a los de su grupo y a los adultos que los rodean. Se trata de una postura frente a la indumentaria que intenta ser lo más explosiva posible frente al mundo de los padres o de los ideales de los padres, siempre según un modelo que le va a ofrecer el grupo al que pertenece o quisiera pertenecer, el adolescente necesita cumplir con la imagen que ese mismo grupo le exige y que a éste le seduce, quizás por el oposicionismo que representa, quizás como un modo de respuesta contra-cultural, pero lo cierto es que el adolescente se viste según ese modelo idealizado, ya puede ser punk, funk, heavy metal, rockero, hippie, pijo, okupa, skin-head, o cualquier otra tribu urbana con la que entre en contacto y simpatice, o la mezcla de varias que resulta más chocante y atractivo. La pertenencia a bandas o grupos de referencia merece una mención aparte, además de ser un rasgo característico del adolescente, va más allá de la imagen frente a los espejos.
Joaquín, de 16 años, comenta una experiencia del fin de semana: –\\\\\\\»fuimos con todos los del grupo al parque de atracciones, nos la pasamos muy chachi, nos subimos a todas las atracciones varias veces, me encanta la sensación de peligro que sientes cuando vas a tanta velocidad, cuando no sabes cuando va a parar el maldito chisme que da vueltas, después nos metimos en el túnel del terror y después nos quedamos un montón en el juego de los espejos, que es como otro túnel del terror…\\\\\\\», \\\\\\\»da miedo lo diferente que puedes llegar a ser según sea el espejo que te mires, había uno que parecías un gigante y al lado te veías pequeño y regordete, nos reímos mucho de cómo aparecía cada uno…\\\\\\\». Javier descubre en su salida una verdad que describe no sólo al mundo adolescente, sino probablemente a la condición humana, todo depende del espejo en que te mires, talvez sea por eso que los animales no se reconocen nunca en el espejo.
La vida en grupo.
Cuando hablamos de la pubertad hicimos referencia a la importancia del amigo íntimo, del doble, aquel que poco a poco suplantaría al diario secreto y con quien se compartirían todos los secretos. Estas amistades, que pueden surgir en la pubertad, se hacen aún más intensas durante la adolescencia, aunque durante esta etapa, el efecto del doble, el igual, que lo puede acompañar en su camino hacia la extraterritorialidad familiar, también lo va a cumplir un grupo especial de referencia.
El grupo de adolescentes se caracteriza por ser bastante endogámico, ser \\\\\\\»aceptado\\\\\\\», ser \\\\\\\»miembro\\\\\\\» de tal o cual grupo o tribu, necesita de la aprobación de todo el grupo o de los líderes del mismo, allí, dentro del grupo y juntamente con el grupo los adolescentes intentan crear una respuesta social alternativa con la que se sienten más identificados ya que todos argumentan, y no sin razones, que la sociedad actual no les da el lugar que se merece, de todos modos, podríamos conjeturar que aunque la sociedad les ofreciera un lugar, los adolescentes deberían inventar una alternativa al ofrecimiento, su necesidad es crear y poner en juego una cultura distinta a la predominante o a la dominada por el mundo de los adultos, gracias a estos pequeños cambios culturales que se promueven desde los grupos hoy llamados \\\\\\\»alternativos\\\\\\\», la sociedad va asimilando reacciones nuevas frente a lo diferente, cuestión que siempre enriquece al medio social y cultural.
Frente a este discurso optimista respecto a los grupos que van surgiendo generación tras generación, nos encontramos con dos tipos de respuesta, ambas altamente negativas para los jóvenes, muchos padres y adultos en general responden a los nuevos grupos adolescentes que todos los cambios importantes ya se dieron en la historia, algo así como que nada puede ser revolucionario y promotor de cambios como la década de los 60, desde el mayo francés hasta los Beatles, los cambios culturales importantes ya se han producido, otro discurso obtura toda posibilidad creativa y de cambio entre los nuevos grupos aduciendo que las alternativas que presentan son patológicas y por lo tanto inútiles. Si bien es cierto que, como espejo de una sociedad marginalizante, muchos grupos caen en estereotipos patológicos y desgraciadamente muy agresivos, no es menos cierto que determinadas alternativas culturales promovidas por los jóvenes actuales no sean un modelo a seguir o aceptar por generaciones venideras.
El grupo no sólo le brinda un lugar y una posibilidad para soñar estos cambios culturales enfrentados a la cultura establecida, en general, como ampliación del doble, funciona como un lugar de referencia permanente, un lugar donde se podrán hacer nuevas y diferentes amistades, lo que significa además nuevas formas de relación, dentro y con el grupo, los adolescentes comparten sus ídolos, verdaderos modelos de identificación que dejarán, como mínimo, una intensa huella en la memoria de cada uno del grupo.
-\\\\\\\»No pude quedar con el grupo para esta noche\\\\\\\», comenta Sofía, \\\\\\\»es horroroso, porque yo no puedo ir a ver a Sabina sola\\\\\\\», \\\\\\\»no puedo ir sola porque a los recitales vas con gente o no vas, puede que me atreva a ir si me garantizan que encuentro al grupo, si no no iré, y me fastidia porque amo a Sabina, todos lo amamos, es un genio, es único, sus letras son las mejores, pero ellos no me perdonarán si no vamos juntos y no puedo ir si no voy con ellos\\\\\\\». Narciso se pierde en el grupo, no deja de pensar en él, pero el sentimiento grupal es más fuerte, el grupo es ahora el lago en el que se puede reflejar, el lago dejó de ser un espejo privado y mortífero, socializado, parece tener imágenes para todos, posiblemente este ejercicio de socialización de paso al encuentro de un espejo especial, una relación de a dos donde tiene más importancia lo que el otro no tiene de común, de igual, donde los adolescentes experimentan por primera vez una relación que parece completarlos.
El juego del amor
La pareja es un ideal que el adolescente ha ido construyendo durante toda su vida, este ideal se ha nutrido de imágenes y situaciones muy diversas, a la pareja idealizada que ha querido ver en los padres le sucedió una noción más realista de la historia, con los fantasmas de la infancia que caen en la adolescencia se pierde la necesidad de la unión ideal de los padres, pero inmediatamente se reencuentra este ideal en las relaciones de pareja que experimentan los adolescentes.
Las relaciones sexuales pasan a tener un lugar, un espacio y un tiempo verdaderamente importante en la vida de los adolescentes; formar una pareja en la adolescencia implica descubrir al otro sexo y poder gozarlo. Esto no siempre se da, ya que los fantasmas que configuran el juego del amor están llenos de miedos, de inhibiciones, de historias que se confunden con el presente. Cuando esto puede darse, las relaciones de pareja pueden ser un espacio muy enriquecedor para los adolescentes, en el descubrimiento del otro sexo también descubrirán la amistad y la sensación de bienestar que da el poder relacionarse con el otro.
Antonia explica: –\\\\\\\» es muy difícil tener novio y no perder a las amigas, ellas me dicen que desde que salgo con Pepe ya no las quiero, y Pepe se pone celoso si salgo con las chicas y no voy con él; bueno a veces me recuerda a mis padres, ellos no quieren salir solos, pero siempre se están peleando, mamá no tiene amigas propias, y yo no quiero perder las mías, al final quedé el viernes con Pepe y el sábado con el grupo, con Pepe la pasamos muy bien, fuimos a pasear y estuvimos muy bien, con el grupo visitamos un lugar nuevo que nos encantó, le prometí a Pepe que otro día iría con él\\\\\\\». En el ideal de Antonia se mezclan las amigas y la pareja, para ella es importante mantener ambas cosas, caer en la historia de su madre no la ayuda, tanto en el juego del grupo como en el juego del amor, Antonia quiere aprender cosas diferentes, diferenciarse de los padres e intentar crear un modelo nuevo a alcanzar y seguir.
Ante el tema de la sexualidad a los adolescentes se le presentan viejos y nuevos problemas, hablamos que para acceder a una sexualidad sin culpa debían romper con ciertos fantasmas familiares, pero aún los acompañan miedos y temores sobre una realidad que les es totalmente nueva, La fantasía de poder tener hijos, deja de ser una fantasía para transformarse en una realidad, los métodos anticonceptivos los ayudan a prevenir estos embarazos no deseados, el problema es el siguiente: ¿cuentan los adolescentes de nuestra sociedad con la información necesaria sobre el control de la natalidad?, ¿pueden hablar de ello tranquilamente con sus padres?, ¿son aceptados e informados en los centros de planificación familiar? ; es este un viejo problema que lleva a más de una pareja adolescente a la abstención sexual, al menos a abstenerse del coito, aunque en muchos casos la falta de información sexual les lleva a mayores prohibiciones y frustraciones. Un nuevo fantasma acosa a las relaciones sexuales entre los adolescentes, hablamos del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), a pesar de ciertos intentos publicitarios promovidos por campañas gubernamentales, el miedo al contagio de esta enfermedad lleva a muchos adolescentes a inhibirse de tener relaciones sexuales, desde el punto de vista fenomenológico, la aparición de esta enfermedad ha llevado a ciertos cambios en los hábitos sexuales en los grupos de adolescentes, en las décadas anteriores a la aparición del SIDA las parejas entre adolescentes eran menos “fieles”, la necesidad de tener varias experiencias sexuales con distintas personas, llevaba a cambios de pareja más seguidos, o a ciertas aventuras sexuales que hoy por hoy se inhiben.
Viejos y nuevos fantasmas sobre la sexualidad se unen para reforzar ciertos tabúes, de todos modos, gran parte de estos miedos, de ciertos equívocos sobre el tema, pueden ser menores si se establece con los adolescentes un diálogo claro, desinhibido y desculpabilizador.
Ramón llega a su sesión de psicoterapia desencajado: –”sucedió lo que tenía que suceder, siempre tengo tan mala suerte que sabía que esto me pasaría…”,”el sábado hicimos el amor con Tere, se quedó a dormir en casa porque mis viejos se fueron al pueblo, todo fue bien hasta que al terminar vimos que el condón se había roto, no sé, explotó, yo no me di cuenta cuando se rompió, ella dice que debería haberlo notado pero no noté nada, ahora está convencida de que está embarazada y no sabemos que hacer, hemos pensado en juntar dinero entre los amigos para abortar, si se enteran en su casa la matan y mis viejos, ¿que voy a hacer?. Su desesperación no le permitía pensar en las posibilidades reales de ese embarazo, así como tampoco en lo que se podía hacer, así como no hay información para evitar los embarazos no deseados, tampoco la hay sobre las posibilidades de interrupción voluntaria de embarazos, no sólo desde el punto de vista legal, o práctico, sino sobre las repercusiones psicológicas que una interrupción de embarazo conlleva, generalmente estos abortos llevados en secreto y entre un grupo de amigos provocan confusión, desazón y una serie de malestares psicológicos que deberían ser tratados con los adolescentes.
El episodio que relataba Ramón tuvo un desenlace feliz, pero que también nos delata su falta de información: –”A Tere le vino la regla el martes, claro, le tenía que venir el lunes y como ella es tan regular… , ¿es posible que a Tere se le retrasara la regla por enterarse que se había roto el condón?”. Con su pregunta Ramón ya está dando una respuesta, el sentimiento de culpa que a ambos les traía el tener relaciones sexuales explotó como el condón la misma noche del sábado, tanto Tere como Ramón podrían saber que las posibilidades de embarazo de una mujer los días cercanos a la aparición del período son menores, es posible que si se hubieran asustado menos, la regla hubiera llegado más tranquila, saber que una regla puede retrasarse por miedo, nervios o cualquier otro estado o sentimiento psicológico es algo que no se enseña en la educación sexual de los colegios y que Tere no podía ni siquiera hablar con su madre ya que corría “peligro de muerte” si sus padres se enteraban que mantenía relaciones sexuales con su novio.
Los adolescentes y sus padres.
Al igual que hablamos de las dificultades de los padres durante la pubertad, debemos mencionar lo que puede ocurrir con los padres de adolescentes, a los que bien podríamos llamar padres adolescentes ya que, en muchos casos, los padres retornan junto con sus hijos a esa etapa de su vida. Esto sucede cuando los padres no pueden tolerar el paso del tiempo que representa tener hijos adolescentes, o bien , como pasa en muchos casos, cuando los padres suponen que para mejorar su comunicación con los hijos tienen que \\\\\\\»hablar su mismo idioma\\\\\\\»; así como es bastante típico encontrarnos con adultos que frente a un bebé de meses le dicen \\\\\\\»ajo, ajo, gu, gu, gu…\\\\\\\», no es menos difícil encontrarnos con padres de adolescentes que añaden a su vocabulario giros, expresiones y hasta maneras de hablar de tipo adolescente.
Dijimos anteriormente que lo que caracteriza a la adolescencia es esencialmente la necesidad de una verdadera confrontación generacional con sus padres y la forma de vida que éstos representan, esta confrontación no siempre es fácil de tolerar por parte de los padres, y esta intolerancia conlleva a interminables discusiones y peleas que no hacen más que acrecentar la disconformidad adolescente y el rencor de los padres.
Escuchar a los hijos, dejarse criticar, aceptar las bromas sin enfadarse, todo esto puede facilitar el diálogo en la familia sin entorpecer el crecimiento de todos, además mantener esa posición permite siempre la reciprocidad, es decir que los hijos adolescentes también pueden aceptar ser criticados, corregidos y hasta dejarse ayudar, si esto es necesario.
-\\\\\\\»No puedo entender que Silvia no quiera contarme nada, desde que le vino la regla le hablé seriamente y le dije que seríamos grandes amigas, que puede contar conmigo para lo que quiera, y ahora desde que está en este instituto no me cuenta nada…\\\\\\\». El discurso de la madre de Silvia es bastante común, pero bastante engañoso, no sólo para Silvia, sino para la misma madre. Pretender ser la amiga de la hija, o el amigo del hijo, es colocarse en el lugar de alguien de su edad y de ese modo ignorar la diferencia generacional, significa además no poder asumir el lugar de padre, o madre, en tanto persona adulta y responsable que mantiene sus centros de interés bastante lejos de los intereses adolescentes. Los padres no deberían pretender ser amigos de sus hijos, son sus padres, y tal categoría no es poco para querer tener más u ocupar otro lugar en la vida de los hijos. Compartir algunas actividades no significa ser amigos o compañeros, en casa los padres siguen poniendo reglas y esto también lo necesitan los hijos, poner la mesa, ayudar en casa, cualquier actividad que implique una rutina ayuda no sólo en la organización de la familia, sino del mundo interno del adolescente, si las normas de casa no se cumplen se pueden pedir responsabilidades, sin normas ni imposición alguna, poco se puede pedir a cambio.
Caso por caso
Al igual que hicimos cuando hablamos de la pubertad, vamos a relatar algunos casos que nos muestran ciertas situaciones de adolescentes donde algo no funciona del todo bien, ya sea en su entorno familiar o extra-familiar, como en el propio adolescente; volvemos a aclarar por considerarlo muy importante, que son casos lo suficientemente \\\\\\\»disfrazados\\\\\\\» como para que nadie pueda reconocerlos, a la vez que se trata de situaciones suficientemente comunes para que a todos les permita reflexionar.
Andrés.
Andrés tiene 17 años cuando un compañero del curso de teatro lo encuentra llorando, desesperado, en un intervalo de un ensayo de fin de curso. El profesor había dividido la clase en dos grandes grupos que entusiasmados preparaban una actuación especial. Andrés era un excelente alumno de teatro, incluso había sido contratado para hacer algún papel en cine, pero tenía un problema que poco a poco se le fue agravando: no toleraba las críticas, cada vez que el director o algún compañero le señalaban un error de interpretación, él se lo tomaba como una afrenta personal, esto fue empeorando hasta el punto que cada vez que se encontraba con dos amigos que hablaban en secreto o tan sólo en voz baja, Andrés pensaba que hablaban mal de él. Así se lo encontró su amigo, le habían criticado una parte de su actuación, y por si esto fuera poco, escuchó que varios compañeros de curso cuchicheaban sobre la obra, lo que le permitió sospechar que él no servía para el papel que había sido asignado. –\\\\\\\»lo tuyo no es normal\\\\\\\»; le comentó su amigo, y le recomendó visitar a un psicólogo Cuando Andrés llegó a la consulta sus síntomas se habían agravado hasta hacerle la vida insoportable, ya no sólo creía que hablaban mal de él sus compañeros de teatro, su grupo de amigos del barrio, con el que siempre contaba para sus horas libres, comenzaba a mirarlo de forma rara, según él lo apartaban de sus salidas especiales y estaba convencido que hablaban mal de él por ser actor, o por su forma de hablar, o por las cosas que decía: – \\\\\\\» ya no puedo hacer nada sin pensar que me miran mal o hablan mal de mí, tengo este problema desde siempre pero nunca pensé que sería para tanto, ahora me pongo fatal, me tengo que ir de los sitios, me pongo triste y raro, pienso que soy un idiota, que nadie me va a querer, todos hablan mal de mí, si estoy con el grupo de teatro son ellos los que opinan que no debo estar allí, si estoy con los amigos del barrio hablan mal de mí porque estudio teatro, mi madre y mi hermana también me critican, no lo hacen delante de mí, pero yo sé perfectamente que hablan fatal de mí, no estoy bien, yo sé que no es verdad que todos hablan mal de mí, es un rollo mío, pero no lo puedo evitar, al final me lo creo y ya no puedo ni hablar por miedo a meter la pata…\\\\\\\»; \\\\\\\»si estuviera aquí mi padre lo entendería, pero ya me acostumbré a vivir sin él; murió de un accidente de circulación cuando yo tenía 12 años, era un actor muy bueno, siempre me llevaba a los ensayos y si podía iba a los estrenos de las obras, cuando él murió mamá se puso a trabajar y dijo: -se acabó el teatro!-; cuando le dije que quería ser actor como papá no me dijo nada, me pidió que no dejara los estudios y es lo que hice, soy buen estudiante, pero mi vida es el teatro. A mi no me dejaron ir al entierro de papá, ni siquiera me pude despedir de él; desde que murió mamá retiró todas las fotos de teatro, sólo dejó en su habitación la foto de su boda, yo me guardé unas cuantas fotos de él, pero las tengo escondidas…\\\\\
Para Andrés la vida y la muerte de su padre son un verdadero misterio, desapareció de su vida talvez en el momento que más lo necesitaba, a partir de su muerte, un duelo mal elaborado por toda la familia instauró la prohibición de mencionarlo o querer saber sobre él, desde su ingreso en la pubertad, Andrés no tuvo la oportunidad de hablar con un hombre, ni ver a su madre con otro hombre, se refugió en sus amigos del barrio, que iban al colegio con él, al decidir estudiar teatro, sin saberlo, estaba intentando recuperar a su padre perdido, sentía que nadie lo apoyaba ni entendía porque estaba sometido a las reglas impuestas por la madre, ella había dicho \\\\\\\»se acabó el teatro\\\\\\\», con su decisión, Andrés traía nuevamente la memoria de su padre y posiblemente su necesidad de reemplazarlo; el coste de tal decisión no fue otro que el pensarse criticado por todos.
Su adolescencia le permitió oponerse a los dictados de la madre, pero esta confrontación con la madre debía ser pagada por un precio muy caro, además, si bien se oponía a la madre, inconscientemente había elegido aquello que representaba al padre, colocándose en su lugar se transformaba en el hombre de mamá, aquel que su madre había elegido como pareja; aquello que lo ayudaba a desprenderse de la madre, lo ataba a ella más que nunca. Andrés no podía vivir plenamente su entusiasmo adolescente por el teatro, su propia mente le jugó una mala pasada.
Durante su psicoterapia, un lugar para hablar del padre perdido entre otras cosas, decidió comunicarse con antiguos amigos y colegas del padre, estos le hablaban de él desde un lugar más cercano, se llenó de anécdotas del padre, de pequeñas historias de la vida cotidiana que le presentaban un padre real y humano, se dio cuenta que se podía hablar mal de alguien sin destrozarlo, y bien de alguien sin elevarlo a la categoría de un dios supremo (lo que él había echo con su padre); estos contactos con colegas del padre le abrieron más puertas para acercarse al mundo del teatro, le empezaron a surgir pequeños papeles en diversas obras, poco a poco demostró sus dotes como actor, terminó sus estudios y se dedicó exclusivamente a actuar. Fue entonces cuando pudo vivir su adolescencia, los rumores de los demás se transformaron en críticas constructivas, conoció a una chica de la que se enamoró, tenía mucho miedo a tener \\\\\\\»una relación seria\\\\\\\»; sentía que eso no le estaba permitido; en su vida laboral, encontró personas en las que pudo confiar, y otras a las que necesitó idealizar: –\\\\\\\»yo quiero ser tan bueno como XX, nunca nadie sabrá hacer un papel como él, quiero trabajar en sus obras, estar a su lado, aprender con él\\\\\\\». Ahora XX jugaba el papel del padre que no pudo tener, y el papel del ídolo que necesitaba para crecer. En su terapia comentó: –\\\\\\\»nunca me imaginé que para salirse de un problema como el mío tuviera que hablar tanto, antes sólo me preocupaba, tenía miedo, ahora aprendí que hablando puedo hacer más cosas, sentirme más seguro.\\\\\\\» La psicoterapia le ofreció un lugar para ser escuchado, en sus miedos, sus inseguridades y su historia, Andrés mismo guardaba la llave que le permitiría salir de una situación que no le dejaba crecer.
Pedro
Pedro tiene 21 años cuando sus padres consultan por él , están preocupados y despistados, no saben que hacer, su situación, lo que podríamos llamar su síntoma más llamativo, es que no sale de la cama, no puede despertarse nunca. Se acueste a la hora que se acueste siempre se levanta a las 2 o 3 de la tarde, come algo y vuelve a la cama, allí se queda hasta las 6 o 7 de la tarde, recién entonces se viste y sale a verse con sus amigos, hasta las 10 de la noche que vuelve a casa, come algo y vuelve a su territorio privado.
Esta situación se viene dando desde hace aproximadamente dos años, cuando se enteró que no había aprobado ninguna asignatura de primero de carrera, entonces se volvió a matricular de las mismas asignaturas y ahí continúa, sin poder ir a la facultad, sin poder presentarse.
En su entrevista a solas Pedro comenta: -\\\\\\\»Mis padres creen que tengo un mal extraño con el sueño, lo cierto es que algo me pasa, prefiero dormir a todo lo demás, si me levanto de la cama tengo que ir a la facultad y eso es lo que no quiero, tengo vergüenza de ir, allí están todos mis compañeros haciendo tercero y yo que tengo que repetir primero y no puedo, es más fuerte que yo…Si no voy a la facultad tendría que buscar trabajo, eso me da más palo, no estoy preparado para trabajar, no se hacer nada, no se me ocurre que puedo hacer, he conseguido unas cuantas entrevistas de trabajo pero al final no fui, me quedé durmiendo…Para mí la cama tiene algo especial, no sé, es como un imán que no puedo salir de allí, me tiene atrapado, si duermo no pienso, no me tengo que preocupar por nada…Antes me pasaba todo el día viendo la tele, si ves la tele tampoco piensas en nada, pero mis padres se enfadaron y ahora guardan el mando bajo llave, yo me enfadé pero ahora me da igual, si no hay tele sigo durmiendo, en sueños me hago mis propias películas, sueño que ya terminé la facultad y que trabajo en lo que me gusta y vivo lejos de mis padres, en una casa propia…\\\\\\\»
¿Cómo entender estos \\\\\\\»sueños\\\\\\\», estas fantasías de Pedro, si en la realidad hace todo lo contrario para conseguir que se cumplan? Esto es lo que altera a los padres, tal como lo comentan , ya probaron de todo:
-”Primero le quitamos el mando de la televisión, pensamos que se aburriría y empezaría a salir, luego le hemos quitado la paga semanal, si no va a la facultad que no pueda ir tampoco a tomar café con sus amigos, pero nada parece importarle…lo hemos llamado para levantarse con nosotros, ni caso, le ofrecimos llevarlo en coche a la universidad, tampoco, hemos hablado con él por si prefería hacer otra carrera, nada, no tenemos respuesta…”.
Sin embargo, la respuesta de Pedro es muy clara y contundente, dormir y alejarse del mundo, más tarde, a lo largo de su psicoterapia, pudimos ver cuanto y como le asustaba el crecimiento, separarse realmente de sus padres y tener una vida autónoma, aparentemente con su síntoma de sueño permanente mostraba una personalidad “pasota”, pero de ese modo obtenía la exclusiva atención de sus padres, además de lo beneficioso que le resultaba a su lado más infantil, quedarse en la cama como si fuera un bebé de meses.
Este es un caso bastante frecuente entre los adolescentes de hoy en día, puede adquirir diversas formas, pero su última traducción es siempre la misma: “me da miedo crecer, algo del mundo de los adultos me asusta tanto que prefiero permanecer en una posición infantil, dependo exclusivamente de mis padres.” Lo más importante de estos casos y que surge permanentemente como una duda es: -¿Quien es el culpable? ¿Cómo se ha llegado a esta situación? Lo fácil es siempre acusar al adolescente, es vago, no le gusta estudiar y/o trabajar, no hace nada, etc.etc., pero debemos tener en cuenta que si el joven ha llegado a una situación así, ha sido, casi siempre, con la ayuda incondicional de los padres, posiblemente son ellos quienes no le supieron transmitir lo necesario de la independencia y la autonomía, muchas veces, temerosos por perder el amor de sus hijos, muchos padres consienten actitudes regresivas de los hijos y se “enganchan” en una pelea sin fin que de alguna manera los mantiene unidos. Estas situaciones se están alargando en el tiempo de forma alarmante, actualmente no nos consultan solamente por casos de la edad de Pedro, nos encontramos con adultos de más de treinta años atrapados en las mismas circunstancias, jugando aparentemente un rol adulto en la sociedad, al volver a casa con sus padres, estos adolescentes tardíos se instalan en la aparente comodidad de las relaciones con los padres de la infancia, mientras los padres continúan con su renuncia a perder su condición de necesarios e indispensables para los hijos, independientemente de la edad de éstos.
Pedro pudo hablar de todos sus temores y darse cuenta hasta que punto estaba pegado a sus padres, en su caso, como en muchos otros, fue necesario trabajar tambien con los padres para indagar los motivos inconscientes que los mantenían unidos a un hijo enfermo y en cama. Poco tiempo después se reincorporó a sus estudios universitarios, consiguió un trabajo y se fue a vivir con un grupo de conocidos con qienes alquiló un piso. A pesar del temor que les causaba a todos este cambio, la relación con sus padres mejoró de forma sustancial, comenzaron a encontrarse para compartir anécdotas y situaciones en un clima distendido y agradable.
Celia
Celia es una muchacha de 17 años cuando comienza a preocupar a sus padres, el motivo que los lleva a pedir ayuda es que su hija está cada vez más delgada.
Desde los trece años es una niña preocupada por su cuerpo, por tener un cuerpo extremadamente delgado; su madre comparte la misma preocupación, juntas se dedican desde hace años a probar nuevas y revolucionarias dietas que aparecen en diversas revistas, su madre se excusa diciendo que ya es adulta y sabe lo que hace, Celia comienza desde entonces una encarnizada batalla contra el peso y las calorías, no tarda mucho en lograr su peso ideal, pero su problema es mantenerlo. Lo que preocupó verdaderamente a su madre es haberla descubierto vomitando después de una cena familiar, al principio pensó que se trataba de una indisposición pasajera, pero comenzó a controlar a su hija, entonces descubrió que los días que su hija comía algo más de lo que consideraba adecuado se escondía en el lavabo y vomitaba. Consultaron con varios médicos, algunos recomendaron a Celia nuevas y mejores dietas de las que ya había probado, pero el resultado seguía siendo el mismo; otros optaron por recetarle psicofármacos , pero muchos de estos medicamentos la atontaban y otros no la dejaban dormir, Celia continuaba con sus vómitos secretos y su cuerpo delgado, la madre comenta que Celia nunca pareció preocuparse por este problema, le negaba a la madre que vomitaba y la acusaba de preocuparse demasiado por su salud. Finalmente, gracias a la intervención de un endocrinólogo, consultaron con un psicoanalista.
El problema de Celia, como el de muchísimas adolescentes de nuestra sociedad, no es un problema banal ni fácil, desgraciadamente muchas chicas llegaron a morir por negarse a comer por verse más delgadas, la percepción de la realidad se encuentra en muchos casos completamente distorsionada, son chicas adolescentes sumamente delgadas que llegan a afirmar con seguridad y rotundidad que están muy gordas y que deben \\\\\\\»cuidarse\\\\\\\», llegados a este límite no tiene mucho sentido enfrentarlas a la realidad, no pueden verse bien, se encuentran feas y gordas, toda su vida es un lucha para mejorar una imagen con la que nunca van a estar de acuerdo o satisfechas. Explicar este problema tan grave y tan extendido con un solo ejemplo, y a través de una sola explicación sería absurdamente reduccionista; como todo síntoma, la anorexia y la bulimia, están sobredeterminadas, es decir, que son varios los motivos que convergen para llegar a esta situación; tampoco podemos decir que todos los casos sean igualmente graves, pero por el tema que intentamos tratar, si podemos afirmar que una falla importante en la autovaloración y autopercepción de las adolescentes, sobretodo en lo que respecta a su cuerpo, está sucediendo.
Los factores que ayudan a precipitar estos síntomas los encontraremos en cada caso con sus particularidades especiales, pero talvez podemos pensar que está ocurriendo para que este fenómeno tenga tanta popularidad; recordemos que los adolescentes en su camino hacia una vida independiente de sus figuras parentales, comienzan a buscar en la sociedad nuevos modelos y arquetipos, si estos modelos y hasta pautas de comportamiento son compartidos por su grupo de referencia, por sus pares, tendrán más fuerza y cobrarán más sentido. Los medios de comunicación de masas no son ajenos a estos \\\\\\\»gustos\\\\\\\» adolescentes, y se ocupan de alentarlos promoviendo figuras especialmente delgadas y slogans que llegan a equiparar la delgadez con la felicidad y el bienestar, desde los cuerpos con nombre de yoghurt desnatado hasta los más famosos cantantes de rock , todos lucen la figura \\\\\\\»ideal\\\\\\\».
Celia comentaba: -\\\\\\\»si estás gorda no ligas, ¿qué tío te va a hacer caso si no luces un cuerpo perfecto?\\\\\\\»; por supuesto \\\\\\\»cuerpo perfecto\\\\\\\» se debe traducir por delgadez extrema, y si para conseguir esta figura hace falta maltratarse no importa, lo que importa es el objetivo final. Lejos estaba Celia entonces de darse cuenta que en su negarse a comer, o en sus vómitos, se ocultaba una falta de aceptación de su nuevo status adolescente, de su feminidad y de su cuerpo como lugar de placer, con su síntoma no sólo ponía en juego su malestar con su cuerpo, también el rechazo hacia sus padres ocupaba un lugar importante, su rechazo, tan vitalmente adolescente, se convirtió en un arma de doble filo, inconscientemente podía estar atacando a los padres, pero el ataque a su persona no dejaba de ser menos cruento.
Insistimos que este tema, como muchos otros, merecen todo un capítulo aparte, sino todo un libro, en estos casos, nuevamente la posibilidad de diálogo sigue siendo un motor importante para comenzar a producir cambios, si el diálogo abierto y sincero con la familia no alcanza, por estar de un modo u otro todos los familiares comprometidos con la situación, el espacio de escucha que significa un espacio psicoterapéutico sigue siendo el mejor remedio para salir de estas situaciones.
Otro problema de Celia, y hablamos de ella como prototipo de un pasar la adolescencia, era su desconexión con el mundo, con el saber y con el estudiar y/o verse proyectada en un futuro que contenga algo más que un marido guapo. Su mundo se reducía a los bares de moda y las discotecas de moda, la ropa de moda y la música de moda, indiscutiblemente se trata de una chica que necesita estar a la moda, vivir la moda, ser la moda, su discurso era una guía práctica para moverse por la noche en la ciudad, ella podía saber en que bares hay gente a las once de la noche, y que gente por supuesto, a que bar hay que trasladarse a la una de la mañana y en que disco hay que empezar la noche del sábado a las tres y media de la mañana, la última disco acogía a ella y su grupo de amigas a las cinco de la mañana bastante mareadas por el consumo de alcohol y los varios encuentros de la noche. Celia no sabía a quien debía votar en las elecciones, no le preocupaba en lo más mínimo la política nacional ni los acontecimientos internacionales, su única lectura era la revista de cotilleos que hojeaba con detenimiento en la peluquería y aún así tampoco retenía ni los nombres de los famosos ni sus avatares y escándalos, todo su mundo era \\\\\\\»cuidarse\\\\\\\», vestirse y comenzar a pensar en el próximo fin de semana.
Esta desconexión con el mundo le permite a los jóvenes como Celia vivir en un mundo todavía infantil, el castillo de la cenicienta se llama ahora como la disco de moda, las hadas que le hicieron el vestido a la heroína del cuento son ahora papá y mamá que descargan sus culpas sobre la educación de los hijos en los locales de las galerías comerciales, pero así como Cenicienta se movía por el anhelo de encontrar un amor que la rescate del malestar de su madrastra, Celia no tiene ni idea de porque frecuenta los sitios que frecuenta, ni tiene un gusto propio, ni nada de lo externo le llama la atención, este estado tan regresivo le juega una mala pasada, el espejo perdió su magia y sólo le devuelve una imagen que le disgusta y la llena de angustia. El cuento de Celia es un cuento que no parece tener fin, si observamos desde lejos su vida cotidiana nos transmite un clima de aburrimiento total, nada parece hacerle funcionar algo cercano al deseo.
A lo largo de su psicoterapia, Celia comienza a cambiar su posición frente al deseo de sus padres y su propio deseo, su porvenir, después de mucho tiempo de trabajo, consigue desprenderse de los fantasmas que la sujetaban a una vida cercana al hastío y a la muerte, elige una carrera que estudiar y comienza a dedicarse a ello, las preocupaciones constantes por su cuerpo dejaron lugar a otras preocupaciones. Pero Celia pudo salir de esa espiral mortecina ¿cuántos adolescentes se quedan atrapados en ella?
Peter
Siempre que hablamos de los problemas por los que pueden atravesar los adolescentes, hablamos también de cómo los padres adolescentes tienen también que ser escuchados, muchas veces es recomendable que los padres puedan colaborar en el tratamiento de los hijos, respecto a que lugar se le da a los padres consideramos que es una cuestión a decidir caso por caso, pero insistimos en que debido a la reactualización edípica que se manifiesta en la adolescencia, es importante darles un lugar a los padres en la terapia de sus hijos, hasta que estos encuentren su lugar fuera del ámbito familiar y se complete su proceso de extraterritorialización .
Peter acude a consultar derivado por el centro de desintoxicación que lo trató previamente, cocainómano y alcohólico desde los 14 años, ingresó en dicho centro a los 19 años y al año le pidieron que asistiera a una psicoterapia.
El joven seguía consumiendo alcohol pero en cantidades más moderadas. Hago un inciso para hablar de esta problemática que nos encontramos hoy en día en nuestra cultura. ¿Qué elementos le brinda la sociedad a los adolescentes para su tiempo de ocio?. ¿A qué fenómeno psicopatológico responde el hecho de que el 80% de nuestros adolescentes consuman alcohol en cantidades desmesuradas cuando salen en grupo?. Ellos responden desde su discurso como \\\\\\\»deshinibición\\\\\\\», beben para no inhibirse, pero sabemos que el alcohol inhibe muchas cosas, sobre todo el sentimiento de falta y frustración. Parecería que en la sociedad contemporánea se nos han terminado los adolescentes románticos que sienten su falta en el ser y la intentan remedar con poemas y escritos, hoy por hoy, la falta se obtura con cervezas, whiskies, tequilas…y una música estridente que tampoco permite hablar…
Pero Peter tenía muchas ganas de hablar con un terapeuta, quería entender porque no sabía lo que hacer de su vida, quería saber sobre su angustia, sobre su aburrimiento, las horas muertas acostado en su cama mirando el techo a ver si se le ocurría algo..
No puedo extenderme sobre todo lo que hablamos durante un año de tratamiento, si decir que comenzó a interesarse por la pintura y que llegó a inscribirse en un curso de plástica. Hablaba de sus padres como personas geniales, tan fantásticos fueron siempre que nunca le prohibieron nada, universitarios ambos, arrastraban la nostalgia de mayo del 68 hasta su máxima expresión, un malentendido que nos lleva a encontrar estas patologías en niños y adolescentes, padres permisivos, ir desnudos por casa, ninguna puesta de límites, etc…
Para poder entender a este tipo de padres y ciertas patologías que producen en los hijos, podemos decir junto con Kancyper en su artículo \\\\\\\»Angustia y Poder en la confrontación generacional\\\\\\\»[14], que: \\\\\\\»Hay padres que no habilitan la manifestación de los sentimientos hostiles de los hijos e intentan ahorrarles cualquier apremio de la vida. Esta excesiva presencia, esta generosidad incondicional les posibilita el ejercicio de un control omnipotente sobre las criaturas. Para lo cual requieren desmentir la presencia del odio, de la ambivalencia y de la falta; frustración , privación y castración, que imperan en los vínculos humanos y en el mundo exterior e interior de cada sujeto.(Según Green \\\\\\\»en virtud de la frustración hay algo que no se realiza, en virtud de la privación hay algo que falta, en virtud de la castración hay algo que podría llegar a faltar\\\\\\\»-A.Green \\\\\\\»El Complejo de Castración\\\\\\\»[15])
Este tipo de padres se autoimponen la misión de montar y a la vez de proveer a sus hijos de un universo exento de angustias y de responsabilidades; intentan, en definitiva, materializar la creación artificial de un mundo sin conflictos.
Los padres que intentan cubrir toda sensación de falta y que además sofocan el odio necesario y la ambivalencia que intervienen durante el trabajo de la desligadura de objeto y su ulterior separación a través de un suministro asfixiante de Eros, cancelan los límites espaciales entre el yo y el objeto amado, y generan relaciones adictivas de objeto. En ciertos casos, la huida del hijo a la adicción suele denunciar el fracaso en el establecimiento de un territorio espacial y temporal propio, secreto e íntimo, que lo preserve de los ofrecimientos traumáticos de los progenitores (por exceso), que irrumpen las barreras de los dispositivos protectores del yo\\\\\\\».
Durante una interrupción momentánea de su tratamiento, Peter \\\\\\\»prueba\\\\\\\», en la casa de un primo, la heroína, que mezclada con alcohol lo lleva a la unidad de cuidados intensivos de donde sale milagrosamente. Entonces cito a los padres, asustados, culpabilizados, extremadamente preocupados, les resulta muy difícil hablar de ellos mismos, de su propia adolescencia.
Mantuvimos un par de entrevistas a solas, sin el hijo, no podían explicarse lo que había sucedido, se sentían atacados por esa actuación, por ese comportamiento del hijo: \\\\\\\»¿Cómo nos hace esto a nosotros?\\\\\\\», se preguntaba la madre, \\\\\\\»a nosotros que siempre le dimos todos los gustos, que nunca le dijimos no a nada, que cuando quiso dejar de estudiar le dijimos vale, porque veíamos que no era buen estudiante, le dábamos el dinero que nos pedía sin preguntarle nada y además le pagamos la desintoxicación, realmente creímos que ya no tocaba la droga…\\\\\\\». Continuamos las entrevistas icluyendo a Peter, al principio no quería, le daba vergüenza compartir ese espacio que sentía privado y suyo con sus padres, pero pronto mostró mucho interés por esas entrevistas, luego llegó a comentarlo él mismo: \\\\\\\»Es la primera vez que escucho a mis padres hablar de mi, siempre hablando de ellos, habíamos llegado a creer que eramos huéspedes en su casa..\\\\\\\»
En esas entrevistas descubrimos que el padre de Peter perdió a su propio padre a la misma edad que su hijo empezó a consumir cocaína, También pudimos trabajar que para este padre, segundo hijo, Peter, su segundo hijo debía ser un fracaso. Lo pensó desde su parto y comenzó a no preocuparse por él. El padre de Peter había roto un maleficio familiar que se condensaba en una expresión de la abuela: \\\\\\\»los segundos siempre fallan\\\\\\\». Exitoso en su profesión y matrimonio, revivió el discurso de su familia con Peter, nunca se preocupó por él, hasta que Peter con su sobredosis, hizo lo que luego llamamos una llamada de socorro y atención. Les estaba pidiendo a los padres que lo cuidaran, el padre llegó a decir: \\\\\\\»Sólo en el hospital estuve al lado de la cama de mi hijo\\\\\\\». Poco después Peter dijo en una de las entrevistas con los padres: \\\\\\\»¿Pero tú no te diste cuenta de que te necesitaba?\\\\\\\».
Una ausencia de su terapeuta, que sentía que si lo escuchaba y estaba por él, provocó ese llamado, Peter no podía vivir su adolescencia porque no había podido ser sostenido en su infancia. El tratamiento junto con los padres le permitió recuperar a unos padres que nunca había tenido. Recordar con los padres episodios de su infancia en los que la función materna y paterna si estaban en funcionamiento, le dió la posibilidad de rehacer una historia propia con padres, con agentes cuidadores de su seguridad e integridad. Tiempo después aprendió a cuidarse solo, pero su llamada de socorro casi le cuesta la muerte, como a otros tantos adolescentes.
Para que un joven pueda pasar su adolescencia necesita la presencia de sus padres para enfrentarse a ellos, podemos decir con Winnicott [16]\\\\\\\»…allí donde esté presente el desafío de un joven en crecimiento debe haber un adulto dispuesto a enfrentarlo. Lo cual no resultará necesariamente agradable. En la fantasia inconsciente, éstas son cuestiones de vida o muerte\\\\\\\».
\\\\\\\»No me vengan con conclusiones!!\\\\\\\»
Esta es una hermosa frase dicha por una chica de diecisiete años, mientras sus padres le esgrimían unos argumentos imposibles de entender desde su lugar, su frase puede ser la dicha por cualquier alumno de cualquier instituto de cualquier país, una reclamación a maestros, educadores, padres, psicólogos, y cualquier otro adulto que determine y demuestre desde su actitud que \\\\\\\»no hay nada más que decir sobre el tema\\\\\\\», este es un tema, el de los adolescentes y su mundo, que nunca quedará cerrado, al igual que sus protagonistas, hay mucho que decir y escuchar sobre el tema, y aún así siempre habrá más, como dejando siempre abierta una puerta para que el diálogo y la escucha con los adolescentes pueda ser algo fructífero.
De este modo llegamos a la conclusión más importante: mantener esa puerta de diálogo siempre abierta, pero sin trampas. A veces nos encontramos con posturas que pueden dar lugar a malos entendidos, hablamos de los \\\\\\\»falsos\\\\\\\» diálogos, los padres que nos dicen \\\\\\\»yo quiero ser muy amigo de mis hijos y dialogo mucho con ellos\\\\\\\» muchas veces no reflexionan sobre lo que realmente quieren decir con esto y sobre lo que realmente quieren de sus hijos, como un deseo propio, o pueden llegar a entender de sus hijos, como un deseo de los hijos y no de los padres.
Es posiblle que los hijos no quieran tener a sus padres como amigos, entre otras cosas porque ya tienen amigos y en cambio, sólo tienen estos padres. \\\\\\\»Con un amigo te puedes enfadar y te dejas de ver y ya está, pero con unos padres no, a ellos los tienes para siempre, si se mueren igual siguen siendo tus padres, además, yo no se si quiero ser como los amigos de mis padres, son un tanto carcas\\\\\\\»; todo esto comentaba Sergi cuando su padre se quejó de la falta de amistad entre ellos, luego Sergi comentó que debe haber otra manera de comunicarse con los padres y que lo entiendan, pero que le resultaba muy difícil encontrarla.
Muchos adultos confunden el diálogo con los jóvenes de su familia con un montón de información que necesitan transmitir y recibir, en estas familias, más que diálogo hay muy buena información, posiblemente lleguen a saber cosas de todos, pero es probable que se escuchen poco, que no se dejen un tiempo para valorar y elaborar lo que está diciendo, comunicando o intentando comunicar el otro. En muchas familias, los jóvenes saben lo que piensan los padres, pero no lo que sienten los padres sobre lo que piensan, o lo que hacen, o cómo se sienten de verdad, así como muchísimos padres o educadores no tienen la menor idea de cómo se siente un jóven en un momento determinado de su vida.
Otra forma de entender el diálogo y que lleva a otros malos entendidos se podría denominar el modelo cuestionario; los padres acosan a los hijos a preguntas que éstos se ven compelidos a responder; los padres que avasallan a los hijos con preguntas no les dan mucho tiempo para responder, pero lo importante sería pensar en dar tiempo para no tener que hacer preguntas, para que el hijo pueda contar a su tiempo. \\\\\\\»Siempre que llego del cole mamá me pregunta ¿como te ha ido?, yo no tengo tiempo despues de decirle hoy me ha pasado esto en el cole, porque ella ya me lo preguntó antes…\\\\\\\», Sue cuenta la historia de nunca acabar que pasa en muchas familias, la anécdota parece sin importancia, pero refleja un modelo de relación.
Evidentemente no existe un modelo de relación, debe haber tantos como posibles relaciones haya, pero lo que debemos tener en cuenta por sobre todas las cosas a la hora de intentar aproximarnos al mundo del adolescente es a sus protagonistas, escucharlos, intentar entenderlos, escuchar tambien al adolescente que fuimos nosotros mismos, pero sobretodo a ellos mismos, encontrarnos con la posibilidad de que si nosotros como adultos pretendemos enseñarles algo a nuestros jóvenes, lo mejor que les podemos enseñar es que somos capaces de aprender algo de ellos.
[1]Púber, pubescente, pubescencia, pubescer: son derivados del latín tardío de la palabra pubis: tecnicismo anatómico que significa \\\\\\\»vello viril\\\\\\\» o \\\\\\\»bajo vientre\\\\\\\»
[2] Esta cuestión explica el rotundo éxito que en su momento tuvo la película \\\\\\\»Sólo en Casa\\\\\\\»; un niño púber representa todas las fantasías de su momento evolutivo, la ambivalencia entre quedarse sólo y sentirse un héroe o quedarse sólo y sentirse abandonado, el miedo a que los ladrones entren en casa es un miedo universal en estos momentos de la vida, el luchar contra los ladrones y vencerlos gracias a la superioridad del pequeño contra los adultos representa la fantasía omnipotente de absoluto poder sobre el mundo adulto que asusta y se vuelve persecutorio.
[3] A pesar de lo claro que esto parece ser, nos seguimos encontrando en la clínica diaria, a padres que delante de su hijo de un año, o menos, dicen: -\\\\\\\»bien, yo puedo hablar de esto o aquello delante de mi hijo porque total no se entera de nada\\\\\\\»; esta expresión tan común, el bebe no se entera porque no habla, aparece como una muestra de no poder tolerar la independencia del bebé respecto de los padres; los bebés se enteran de todo. , todo lo captan, lo entienden y lo van significando a lo largo de toda su infancia.
[4] No nos llama la atención que el artilugio que permite el funcionamiento de la televisión se llame en nuestra lengua \\\\\\\»mando\\\\\\\», quien lo tiene en su poder gobierna sobre la familia.
[5]Denominamos etapa anal aquella en la que el predominio de la zona erógena es el ano y el placer y el displacer, en permanente interrelación con los otros, pasa por retener las heces y/o defecar allí donde se le está intentando enseñar. Generalmente es el mismo niño quien informa del momento oportuno para iniciar el control de esfínteres, el mismo comienza pidiendo o anunciando: -\\\\\\\»tengo caca\\\\\\\»; \\\\\\\»quiero pipí\\\\\\\». Es imposible determinar con exactitud cuando puede comenzar este proceso, pero suele ocurrir alrededor de los dos años.
[6] Estamos refiriéndonos de manera muy abreviada a la etapa de la vida que en psicoanálisis llamamos complejo de Edipo. El complejo de castración favorece en el niño una resolución del complejo de Edipo, mientras que en la niña será su disparador; sin adentrarnos a profundizar en este complejo y las diversas formas y/o salidas que puede tener, si mencionamos que en los grandes momentos de crisis y crecimiento como son la pubertad y la adolescencia, el complejo de Edipo vuelve a surgir de manera que podremos hablar de una verdadera reedición del mismo
[7] Remitimos al lector al famoso “Diario de Ana Frank”, excelente ejemplo del diario de una niña púber, en este caso escrito por Ana desde el escondite que ella, su familia y unos conocidos compartieron durante el nazismo en Holanda. El diario de esta niña fue recuperado por su padre poco tiempo después de que los nazis asesinaran a toda su familia.
[8] Donald o cualquiera de los eternos personajes de la factoría Disney, se caracterizan por no tener una vida sexual manifiesta. Hasta tal punto llega le negación de la sexualidad que ni Donald ni Mickey tienen hijos, tan sólo sobrinos…
[9] Todos los casos que relataremos en este capítulo son reales, para salvaguardar el anonimato de los protagonistas hemos cambiado todos los datos que puedan hacer al caso como reconocible.
[10] En este punto, los críticos hacia el psicoanálisis pueden volver a relucir el argumento de que es una disciplina pansexualista, pero el significante que aparece en el dibujo es cortar, y lo que preocupa es el vello púbico… y la separación de los padres.
[11] En psicoanálisis llamamos \\\\\\\»beneficio\\\\\\\» a toda satisfacción directa o indirecta que un sujeto obtiene de su enfermedad. Para describir el beneficio secundario de la enfermedad S.Freud utiliza como ejemplo la indemnización que percibe un sujeto por un accidente de trabajo, si libramos al enfermo de su enfermedad tambien le quitamos los motivos de su indemnización económica. En el caso que estamos describiendo, queda claro como el beneficio secundario de Ester es obtener cuidados de los padres permanentemente.
[12] Etimológicamente \\\\\\\»adolescencia\\\\\\\» proviene del latín \\\\\\\»adoléscere\\\\\\\», que significa \\\\\\\»crecer\\\\\\\», \\\\\\\»desarrollarse\\\\\\\», así \\\\\\\»adulto\\\\\\\», proviene del latín \\\\\\\»adultus\\\\\\\», participio pasivo del verbo adoléscere. Siguiendo la etimología un adolescente es un adulto en crecimiento. Es importante nombrar esta cuestión de significados, ya que muchos autores han tomado otro sentido de una palabra homófona, siendo \\\\\\\»adolecer\\\\\\\» lo que designa el \\\\\\\»sufrir\\\\\\\» o cierta falta o carencia, ha sido fácil crear cierta confusión de significados; es indudable que el adolescente sufre o carece, pero el período que atraviesa está fundamentalmente marcado por el crecimiento de toda su persona.
[13] Podemos citar el ejemplo de los fabricantes de la famosa muñeca Barbie, quienes alertados por la comunidad de consumidores optaron ultimamente por variar el diseño \\\\\\\»anoréxico\\\\\\\» de sus modelos, por muñecas más acordes con la realidad.
[14] Kancyper, L. \\\\\\\»La Confrontación Generacional\\\\\\\»; Paidos, 1996, Buenos Aires
[15] Green,A. \\\\\\\»El Complejo de Castración\\\\\\\»; Paidós, 1992, Buenos Aires
[16] Esta cita de Winnicott está tomada del texto de Kancyper (ver cita 14)



